sábado, 15 de enero de 2011

La nueva senda de la libertad

Héctor Ñaupari[1]


El libro La nueva senda de la libertad: cuatro ensayos liberales, que hemos publicado con el Instituto Democracia & Mercado de Chile, dirigido por el brillante historiador Ángel Soto, representa un viejo anhelo: realizar una publicación de contenido ideológico, de clara posición y abierto debate, frente a los múltiples enemigos de la libertad.

Los ensayos que compilamos no se esconden en oscuras ambigüedades o en falsas imparcialidades: su adhesión al liberalismo es plena, firme y elocuente. Confiamos que, de su lectura, haya cada vez más conversos a las tesis liberales, que nuestros adversarios se vuelvan más resueltos, y que los simpatizantes de la autonomía individual y el libre albedrío, así como sus expresiones institucionales en el derecho, la economía y la cultura, renueven su compromiso con estas ideas.

Dicho esto, debemos explicar la necesidad de publicar este libro. Es cada vez más evidente que ya no hay personajes míticos de la izquierda como antaño el Che Guevara o Fidel Castro. Los nuevos, como Hugo Chávez, Evo Morales, o el olvidado subcomandante Marcos, no inspiran esa devoción pasional que era moneda común hace cuarenta años. Con estos líderes socialistas del siglo XXI, la izquierda latinoamericana continúa viviendo de su capital espiritual.

Por otra parte, la izquierda está huérfana de argumentos para interpretar con propiedad y eficacia fenómenos complejos como la globalización, el aprovechamiento intensivo de la tecnología, la superación de las protestas sociales por la vía democrática o el continuo emprendimiento empresarial de los sectores empobrecidos, entre otros. Basta leer los ensayos de autores como Amy Goodman, Ludolfo Paramio o Viviane Forrester para comprender que, en sus críticas a la sociedad libre, subyace una verdad: la realidad los ha sobrepasado.

¿Significa esto que la izquierda está vencida? Todo lo contrario: un adversario caduco no es, ni por asomo, uno derrotado. Sobre todo si es el único pensamiento que se sigue enseñando en nuestra región, desde el jardín de infancia hasta el doctorado universitario. Si los latinoamericanos no conocen el liberalismo, y sólo atienden al socialismo decrépito y sin renovación en cátedras, publicaciones y opiniones, ¿por qué deberían rechazarlo? ¿Por qué deberían defender al liberalismo, si no lo conocen, o tienen por cierto que la idea de éste es ésa versión, deforme y malintencionada, que han construido sus rivales?

Por tal razón, es imperativo demostrar que el liberalismo no es “de derechas”, y que su orientación es esencialmente humana, al sostenerse en los principios de no agresión y de la propiedad privada, así como en su aplicación en un sistema de derechos individuales. Asimismo, que las concepciones del marxismo son contrarias a los derechos fundamentales y al imperio de la ley, carecen de soporte científico y su aplicación lleva a la destrucción de la sociedad.

A su vez, denunciar que nuestros países operan en función del clientelismo, siendo la revolución liberal un objetivo que alcanzar, el mismo que depende de la fuerza y la energía transformadora de los individuos y sus emprendimientos. Y, finalmente, dejar en claro que América Latina es un continente pendular, transitando perpetuamente entre el mercantilismo y el populismo: cambiar esa condición, razón de nuestro atraso, depende de instaurar una cultura de libertad, proponer un proyecto político liberal y lograr un cambio político al margen.

Y ésta última es la tesis de fondo, que comparten los cuatro ensayos del libro: que la libertad es integral. Es economía de mercado, emprendimiento, competencia, creatividad y trabajo duro, y también pluralismo político, convivencia, tolerancia, derechos humanos, elecciones libres y alternancia en el poder. Así, las ideas de la libertad importan tanto como los índices de libertad económica si queremos ser libres. Además, consideran que la economía y la cultura viven y se nutren mutuamente: una no podría existir sin la otra; por tanto, una economía libre sólo puede existir si hay una cultura de libertad, y viceversa.

De este modo, los ensayos de La nueva senda de la libertad: cuatro ensayos liberales buscan poner al descubierto las falacias y contradicciones del pensamiento de izquierda y, de este modo, recuperar las banderas que nos arrebataron los enemigos de la libertad: las de ser el pensamiento del cambio, de la esperanza, de la renovación permanente, así como proponer el pensamiento liberal del futuro. Guardo la esperanza que los lectores encontrarán, luego de leerlos, que el liberalismo es el pensamiento nuevo, renovador e inspirador del siglo XXI. Que así sea.

Santiago de Surco, 04 de enero de 2011

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