jueves, 18 de agosto de 2011

Palestina, Amor y Odio

Hugo Balderrama Ferrufino (Abdul Rahman)

Como musulmán me duele escribir estas líneas, pero considero que no existe nada más positivo que la autocrítica, porque aporta terreno fértil en el infinito camino del aprendizaje; las líneas que siguen están escritas con la mayor preocupación pero a su vez con gran esperanza de que un día Palestina encuentre la paz.

El pequeño espacio que se disputan árabes y judíos está ubicado en un mal lugar, porque desde antiguo ha sido motivo de interminables luchas, desde Egipto hasta Inglaterra, todos conquistaron o intentaron conquistar a esa hermosa tierra.

El nombre Palestina básicamente no existía hasta el siglo II después de Cristo la pregunta es ¿De dónde se obtuvo? Fue otra humillación romana. Palestina se escribía en latín Phalistina y hacía referencia a los filisteos, que la Biblia menciona desde Josué hasta David. Significa “pueblo del mar”

Pero la palabra Phalistina no tuvo suerte. A ese territorio que adquirió relevancia extraordinaria por la Biblia, que es la base del cristianismo y luego del Corán, los judíos lo siguieron llamando “Eretz Israel” (tierra de Israel), los cristianos Tierra Santa y después los árabes la bautizaron Siria meridional. Los cristianos fundaron el efímero reino latino de Jerusalén y durante el Imperio Otomano el país fue convertido en un provincial y despreciado Vilayato. Jerusalén perdió brillo, el país se despobló y secó. Viajeros como Pierre Loti y Mark Twain testimonian que atravesaban largas distancias sin ver un solo hombre.

Como se puede observar la presencia judía en la zona data de milenios de antigüedad, pero fue a finales del siglo XIX, empezaron a llegar oleadas de inmigrantes que se aplicaron a edificar el país con caminos, kibutzim, escuelas, institutos técnicos y científicos, forestación obsesiva, universidades, flores, teatros, naranjales, una orquesta filarmónica, aparatos administrativos, como ejemplo tenemos a la Universidad Hebrea de Jerusalén que tuvo entre sus principales directores a Albert Eisten.

El odio al pueblo judío nace recién en el siglo XX y no por cuestiones religiosas, sino al contrario, por una herrada interpretación del Corán, que hizo aparecer el progreso y la modernidad como una forma de vida que traía costumbres degeneradas como la igualdad de la mujer, la apertura de teatros y orquestas, la edición masiva de libros, los ideales de la democracia; concepto que de hecho rompe la fructífera tradición islámica en el desarrollo del arte y la ciencia de los siglos XV, XVI y XVII, no podemos olvidar a Avicena, Ibn Khandul y otros que le dieron un gran aporte a la medicina, la geografía, la filosofía, la arquitectura y la economía.

Haj Amin el-Husseini, gran mufti de Jerusalén. Este clérigo fanático, que espoleaba a destruir las comunidades judías, viajo a Berlín a ofrecer ayuda a Hitler en su solución final, planifico elegir otro Auschwitz en Nablus, sobre las colinas de Samaria. Su lema, difundido por radios nazis, fue: “Mata a los judíos dondequiera los encuentres, para agradar a Alá y la historia”. Debemos tenerlo en cuenta, porque este héroe fascista cometió un grave error contra su propio pueblo. No sólo se negó a aceptar la Partición decidida por las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 para el nacimiento de un Estado Arabe y uno Judío que viviesen lado a lado y en fraterna colaboración, sino que tuvo una “idea genial” al estallar la guerra de la Independencia de Israel contra el Mandato británico y seis ejércitos árabes decidieron invadir el territorio para aplastar al flamante Estado. Esa idea lo llevó a ordenar que sus hermanos abandonasen Palestina rápidamente para permitir que Siria, Irak, Líbano, Egipto, Arabia y Transjordania pudiesen empujar a los judíos, rápida y cómodamente al mar, donde serían ahogados.

Al ser derrotados varios ejércitos árabes por el pueblo más débil de la historia, el odio se siguió cultivando desde los campos de refugiados, verdaderas cárceles sostenidas con la millonaria dádiva internacional dentro de los ricos Estados árabes, para mantener encerrados a los “hermanos” de Palestina y usarlos como peones políticos. Esto no es una frase, sino una condenable realidad: cuando empezó la explotación petrolera intensiva en Libia y Kuwait, por ejemplo, sólo se permitía que fuesen hombres palestinos solos y que su familia permanecería en los campos como rehén, para asegurar su regreso, tremenda similitud con las misiones de médicos cubanos que envía Fidel Castro a países como Bolivia, Venezuela y Ecuador.

Los movimientos antisemitas que lastimosamente tienen el apoyo errado de muchos musulmanes del mundo, intenta hacer aparecer a Israel como un estado creado por la ONU, después de la segunda guerra mundial nada más falso, la construcción del Israel empezó a finales del siglo XIX como se mostró párrafos arriba.


Claro que esta situación problemática no siempre fue así, Como es bien sabido, bajo el gobierno musulmán los judíos de España disfrutaron de un florecimiento sin paralelo en la historia. Poetas como Yehudá Halevy escribieron en árabe, así también lo hizo el gran Maimónides. En la España musulmana, los judíos fueron ministros, poetas y científicos. En la Toledo musulmana, los eruditos cristianos, judíos y musulmanes trabajaron juntos para traducir los textos científicos de los antiguos filósofos griegos. Esa fue ciertamente la Era de Oro, que como dijo Imad-ad-Dean Ahmad, se puede considerar ese periodo como la base de la civilización moderna.


Lo que sucedió después es aún más aleccionador. Cuando los reyes católicos reconquistaron España de manos de los musulmanes, establecieron un reinado religioso de terror. A los judíos y a los musulmanes españoles se les obligó a tomar una cruel decisión: o convertirse al catolicismo, exiliarse o morir. ¿Y a dónde escaparon los cientos de miles de judíos que se rehusaron a abandonar su fe? Casi todos ellos fueron recibidos con los brazos abiertos en los países musulmanes. Los judíos sefaradíes (“españoles”) se establecieron en todas partes del mundo musulmán, desde Marruecos en el oeste hasta Irak en el este, desde Bulgaria (entonces parte del Imperio Otomano) en el norte hasta Sudán en el sur. En ninguno de estos lugares fueron perseguidos. Ellos no conocieron nada comparable a las torturas de la Inquisición ni a las llamas de los “autos de fe”, los pogromos, ni las terribles expulsiones masivas que tuvieron lugar en casi todos los países cristianos.

Por todas esas razones históricas, lo prudente es que muchos musulmanes dejen sus sentimientos de odio contra un pueblo que según el Corán debe ser respetado como reza la siguiente aleya “Por cierto que quienes creyeron [en los Mensajes que trajeron los Profetas anteriores a Moisés], los judíos, los cristianos y los sabeos que hayan tenido fe en Dios y en el Día del Juicio, y hayan obrado correctamente tendrán su recompensa junto a su Señor, y no temerán ni se entristecerán”. (Corán 2:62), no debemos dejar que el odio expuesto por Hezbollah y Hamás (que tienen mucho en común con los Nazis), destruyan una tradición milenaria de respeto y tolerancia.

lunes, 25 de julio de 2011

La mujer y su Libertad en el Islam

Por: Hugo Balderrama (Abdul Rahman)
La religión es una de las principales causas a las que se atribuye la violación a los derechos de la mujer en las sociedades musulmanas. Sin embargo, cabe contemplar la posibilidad de que no sea la religión en sí la causa de este mal, sino la mala interpretación del Corán lo que lleva a ella. Podemos considerar que la situación que sufren actualmente las mujeres, en ciertos países musulmanes, no ha sido directamente dictada por el Corán. En muchos casos se trata de costumbres anteriores a la implantación del Islam y, sobre todo, a la errónea interpretación por parte de los ulemas (expertos en leyes) de algunos versículos del Corán, desviaciones que se extendieron con posterioridad a otros países. Estas interpretaciones se realizaron en el marco de una sociedad en la que los hombres eran los principales sustentadores económicos de las familias, de manera que se extendieron y no han sido revisadas. De hecho, la abogada iraní y premio Nobel de la Paz 2003, Shirin Ebadi, afirmó durante su participación en el Forum de Barcelona 2004 que el Islam, la religión musulmana, no dice que la mujer deba estar sometida al hombre: son los gobernantes de Irán los que hacen una mala e interesada interpretación de lo que establece la religión islámica.

El temas más polémico en la actualidad es el uso del velo, en occidente es el caballo de batalla para todos los ataques contra el Islam. Son muchas las mujeres que lo llevan por tradición y, en ningún caso quieren renunciar a él, consideran que al cubrirse la cabeza se reivindican como mujeres, Jadicha Candela (España), letrada en el Congreso de los Diputados y transformada al Islam después de casarse, afirma que el arma fundamental contra la mujer es la ignorancia, no el velo.

El problema surge cuando, más allá de una opción personal, existe la imposición. Se trata de sociedades dónde se busca mantener un régimen antiguo y las mujeres son obligadas a llevar una indumentaria que las mantiene en un segundo plano. No son muy lejanas las imágenes de las mujeres afganas que cubrían todo su cuerpo con el burka por imposiciones del régimen talibán. De nuevo, múltiples interpretaciones para un mismo asunto.

Mi intención es generar un sano debate, que como musulmanes, nos afecta de forma directa, porque estamos hablando de más o menos la mitad de trecientos millones de personas que forma la gran comunidad islámica del mundo. El Islam se caracteriza, entre otras cosas, por carecer de iglesias, de sacerdotes o intermediarios entre Al-lâh y sus siervos. Así, pues, sin querer negar la aportación inestimable de los grandes eruditos en Islam, en mi opinión el verdadero yihad personal es la lectura e interpretación del Corán. Todo musulmán ha de intentar encontrar las respuestas a sus preguntas en el Libro Sagrado.

Burka, chador, nikab, y otras formas de cubrirse la cabeza de algunas mujeres en el mundo musulmán no son el "velo islámico". De hecho tal concepto, simplemente, no existe en el Corán. De las ocho veces que aparece el término hiyab "velo" en el Corán ninguna hace referencia a la prenda que camufla el pelo. En dichos versículos el sentido de hiyab es "cortina", que separa espacios físicos, el privado del público.

Las únicas referencias del Corán al modo de vestir son las siguientes: “¡Oh, Hijos de Adán! Les hemos dado ropas para que se cubran y la ropa es como un adorno. Pero la ropa de rectitud es mejor”. (7:26). De hecho, hoy, la mayoría de las mujeres musulmanes del mundo no utilizan ninguna forma del velo, y siguen llevando sus vestimentas étnicas y tradicionales que son, por cierto, muy coloridas y casi nunca negras, porque el rostro islámico muestra a malayos, persas, kurdos, bolivianos, chilenos, etc. Lo que hace básicamente imposible que existe una vestimenta unificada, para todo ese enorme abanico de personas.

La vicepresidenta de la Unión de Mujeres Arabes, la marroquí Fatna Daanoun, defendió que en el Islam no hay discriminación alguna contra la mujer, pues desde la primera sura del Corán se pide a los hombres que aprendan, "porque sin la sabiduría no podemos ni practicar la religión como es ni tener una buena convivencia en todos los aspectos". A su juicio, la violencia contra la mujer no es una característica de las religiones, "sino de la cultura, la sociedad y las tradiciones y costumbres que arraigaron desde las épocas ante-históricas". Respecto al uso del pañuelo en las mujeres, Fatna Daanoun, que usa el "hiyab" reclamó el derecho de la mujer a vestir como desee. "La persona es libre y debe responder ante Dios, no ante el ser humano".


El caso de países como Arabia Saudí, Afganistan e Irán que institucionalizan la vestimenta de las mujeres es contrario al principio islámico de libre elección ya que "En Islam no hay coacción" (2:256). Tanto la mujer como el hombre tienen derecho a pensar libremente porque Al-lâh nos ha dotado de entendimiento y nos ha hecho el mejor regalo que podía ofrecernos: Al-Hurriya (la libertad) que forma parte de nuestro destino.
Salam Aleikum

martes, 19 de julio de 2011

La riqueza, no es pecado

Por: Hugo Balderrama

De verdad resulta triste ver que en pleno siglo XXI, cuando salieron a la luz los crímenes de los grandes dictadores socialistas (Mao, Stalin, Tito), cuando las violaciones a los derechos llevadas a cabo por el gobierno de Castro son imposibles de ocultar, después de comprobar que Guevara es un simple delincuente que fusilo a centenares de cubanos, todavía existan personas que ven en ese modelo de sociedad la solución a los problemas que golpean a millones de latinoamericanos (no es raro ver fotos del “Che” en casi todas las universidades fiscales de América Latina). La pregunta obvia es ¿Por qué?


Es un hecho que existe más de una causa que responde a la interrogante anterior, pero el objetivo de esta pequeña nota es mostrar el triste papel de la iglesia católica en la promulgación de esas ideas, que por su naturaleza son contrarias a los principios evangélicos.

Los movimientos de raíz totalitaria en América Latina en su gran mayoría fueron intelectualmente alimentados por la llamada Teología de la Liberación, que tuvo entre sus principales teóricos a Leonardo Boff y Hugo Assman, muchos fueron los sacerdotes que movidos por este pensamiento ocuparon cargos importantes en varios gobiernos de la región, como es el caso del régimen sandinista en Nicaragua que tuvo de ministros a los siguientes religiosos: Ernesto Cardenal, su hermano Fernando Cardenal y Miguel D’Escoto; los dos primeros en el área educativa y el ultimo como ministro de relaciones exteriores. Todos ellos convencidos de la superioridad del colectivismo y enemigos declarados del mercado y la propiedad privada.
En la actualidad no son pocos los sacerdotes que mantienen vivo ese pensamiento, no es raro escuchar en los sermones la crítica a la riqueza, haciéndola aparecer como uno de los mayores pecados y la causa central de los males del mundo. Dichos sermones desconocen que los evangelios dan grandes alegatos a favor de la propiedad privada como: no robar y no codiciar haciendas ajenas. Así como también desconocen las grandes enseñanzas que dejo Juan Pablo II en la encíclica Centesimus Annus. Donde resalta el papel del mercado y la empresa en el alivio de la miseria en el mundo.

Si bien no soy católico, el tema no deja de preocuparme porque es innegable la influencia en la educación que tiene la iglesia, es por eso que considero necesario aclarar algunos conceptos respecto a la riqueza que están presentes en las tres grandes religiones abrahámicas (Judaísmo, Cristianismo, Islam)

En Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Javeh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. Como se puede observar en estos textos extraídos de los evangelios, el progreso material no es incompatible con la práctica religiosa, porque de ser así, Jesús fueran el primer promotor del hambre y la miseria general, lo cual degradaría de sobre manera a uno de los más grandes maestros del bien.

En el Islam (la fe que este escriba practica) se encuentra valiosos elementos que respaldan el progreso económico, la riqueza en el Islam se considera como un regalo de Dios. Es Dios quien le provee a la persona, como lo muestra el siguiente hadiz del Profeta Muhammad “La riqueza no disminuye a causa de la caridad, y Dios incrementa a Su siervo en honor cuando él perdona a los demás. Y nadie se humilla ante Dios sin que Dios lo eleve (en estatus)”. (Sahih Muslim). Desafortunadamente en muchas cátedras que se imparten en diversos institutos educativos se analiza mal la idea de la solidaridad y las obras filantrópicas en el contexto de erradas concepciones sociales. La sagrada noción de la caridad que, por definición, significa el uso de recursos propios, realizado voluntariamente y, si fuera posible, de modo anónimo, se pervierte con la idea del uso compulsivo del fruto del trabajo ajeno, es decir con el robo de la billetera del prójimo.

Es que, independientemente de las religiones, la superlativa confusión sobre la noción de la riqueza y la propiedad se encuentra hoy en día extendida en prácticamente todas las manifestaciones de la vida. Debido a que los bienes no aparecen del cielo y, por ende, no hay de todo para todos todo el tiempo, la propiedad privada permite asignar los escasos recursos para que sean administrados por las manos más eficientes para producir lo que demanda la gente, los que dan en el blanco son aquellos que en un momento determinado verán crecer sus patrimonios, en cambios los que no incurrirán en quiebras, esto suele pasar en un mercado competitivo donde el empresario debe complacer al consumidor si quiere permanecer en el juego, todo esto se desmorona cuando aparecen los empresarios mercantilistas que viven en las oficinas públicas buscando el favor del gobernante de turno, esto siempre se traduce en mercados cautivos (aranceles a la importación, o monopolios artificiales), que son un robo disimulado al bolsillo del vecino, en especial de los más pobres, debido a que compramos menos y de peor calidad.

Los textos sagrados nos hacen un llamado a la humildad que es una de las mayores bendiciones que Dios puede otorgar a un ser humano. La misma viene de conocer acerca de Dios y reconocer su grandeza, venerarlo, amarlo y temerle, y viene también de conocerse a sí mismo y sus propias faltas y debilidades. Dios da esta característica a quienes que luchan por acercarse a Él a través de obras de piedad y rectitud. Aquel que es humilde en verdad es quien es realmente bendecido. Cada vez que se siente superior a los demás, recuerda a Dios, el Más Grande y Omnipotente, y se humilla en verdadera sumisión. “Y los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan sobre la Tierra con serenidad y humildad, y cuando son increpados por los ignorantes les responden educadamente”. (Corán 25:63).

lunes, 11 de julio de 2011

EL Islam, la paz y la libertad

Por: Hugo Balderrama Ferrufino (Abdul Rahman)


La idea de esta nota me vino a razón de responder algunos cuestionamientos que surgen de forma casi diaria a raíz de mi fe islámica y la supuesta incongruencia de esta con la filosofía liberal, de la cual yo soy un seguidor. Espero que las líneas que siguen sirvan para colocar tierra fértil en un debate que hoy por hoy incluye a musulmanes y gente de otros credos.


En el mundo existimos aproximadamente mil trecientos millones de musulmanes, si usted hace una simple operación aritmética vera que somos aproximadamente un quinto de la población mundial, y actualmente la religión con mayor tasa de crecimiento, dentro ese enorme abanico de personas, las posiciones suelen ser igual de numerosas ya que el Islam a diferencia del catolicismo y otras creencias cristianas no cuenta con sacerdotes u otro tipo de intermediarios entre el creyente y Dios. Muchos musulmanes tenemos una preocupación constante sobre lo que sucede en países donde la fe está ligada a la espada (con características parecidas a la Europa medieval), debemos recalcar que muchas de las dictaduras y regímenes totalitarios en el medio oriente, no son una aplicación de los principios islámicos sino su antípoda, muchos son los autores que han destacado principios coránicos en perfecta complementación con marcos institucionales republicanos defendidos por el liberalismo como son el respeto a la vida, la propiedad y la libertad, como lo cita la siguiente aleya “No devoren sus bienes injustamente unos a otros, ni sobornes con ellos a los jueces para devorar ilegalmente la hacienda ajena” (2: 188). El islam estipula que ningún ciudadano puede ser encarcelado hasta que su culpabilidad se pruebe ante un tribunal de justicia. Proceder al arresto de un hombre por una simple suposición y encarcelarlo, sin haberle dado la posibilidad de la defensa, no está admitido en el Islam. De forma paralela a estos elementos citados el Corán proclama: “No está permitido a nadie forzar a nadie a creer” (2: 256), lo cual reconoce que los individuos gozan de plena libertad de conciencia para seguir el credo que consideren apropiado o en su caso la ausencia de creencia religiosa. La tradición islámica muestra que los ciudadanos disfrutan de una igualdad ante la ley (no mediante ella); como lo muestra la siguiente historia del profeta Mahoma (La paz sea con el): Una mujer perteneciente a una familia noble e influyente fue arrestada por un robo. El asunto fue llevado ante el profeta (La paz sea con el) y algunas personas pidieron, la conmutación de la pena. El profeta respondió: “Otras naciones solían castigar al débil por un delito y dejaban libres a los nobles a pesar de sus crímenes. Por Dios, quien posee mi vida en sus manos, juro que si Fátima mi hija, cometiese este crimen, le habría aplicado la pena correspondiente”.


Es muy frecuente tergiversar el termino Jihad, que se refiere a la lucha interior para la mejora espiritual para asociarla a esa expresión inapropiada de “Terrorismo islámico”. El Islam, es una religión de misericordia, no permite el terrorismo. Dios dijo en el Corán: “Dios no les prohíbe que trates bien y con justicia aquellos que no les combatieron a causa de su fe, ni les hayan hecho abandonar sus hogares. Es cierto que Dios ama los justos” (60:8). A la luz de este y otros textos islámicos, el incitar el terror en los corazones de indefensos civiles, la total destrucción de edificios y propiedades ajenas, la explosión de bombas y la mutilación de inocentes, son actos reprochables y prohibidos de acuerdo con los musulmanes y el Islam. Nosotros seguimos una religión de paz, misericordia y perdón, no tenemos nada que ver con los ataques criminales como el perpetuado contra las pacificas torres gemelas el 11 de Septiembre del 2001. Los malos existen en todo grupo humano, lo importante es que sean identificados por nombre y apellido y no por la fe que profesan, en lo personal yo también soy critico de países que usan la ley islámica como un pretexto para justificar dictaduras y vulnerar derechos de los súbditos, pero generalizar la fe con ese tipo de dislates, sería tan insensato como asociar al cristianismo con los actos de intolerancia (la quema publica del Corán) mostrados por algunos pastores el 2010.


En cuanto a la actividad económica, podemos usar la frase recopilada por Alberto Benegas Lynch, la misma que pertenece a Guy Sorman, que denomina al Corán con el “libro de los hombres de negocios”, por el énfasis que pone en el respeto de la propiedad privada y el cumplimiento de la palabra empeñada, así mismo Gary Becker muestra como el Islam es más propenso a la economía de mercado que el cristianismo, porque ordena el cumplimento de los contratos comerciales en cantidad y calidad como reza la aleya “Ustedes los creyentes cumplid con sus contratos y obligaciones”(5:1). La Universidad Francisco Marroquin, recientemente uso el nombre de Ibn Khaldum para denominar su centro de investigaciones internacionales, que como es sabido fue uno de los primeros en teorizar el comportamiento del mercado y la formación del capital. El profesor Imad-ad-Dean Ahmad director del Minaret of Freedom Institute, manifiesta que fueron los pensadores musulmanes los precursores de la escuela austriaca de la economía (Menger, Bower, etc).


Estos son algunos ejemplo del porque no existe incompatibilidad entre ser liberal y seguir el camino de Dios a través del Islam, espero que estas humildes letras sirvan para superar algunos prejuicios en torno a nosotros los musulmanes.



Salam Aleikum.

lunes, 28 de febrero de 2011

La gran crisis de las pensiones (públicas)

La gran crisis de las pensiones (públicas)
Posted by Adrián Ravier
Fuente: El Cato

por Adrián Ravier

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Pere Rusiñol ha publicado un polémico artículo en el diario Público de España que podemos resumir en los siguientes diez puntos: 1) que los fondos privados de pensiones que se manejan en los mercados mundiales alcanzan hoy los 12,7 millones de euros, el equivalente a 12 veces el PIB de España y el 27 % del PIB mundial; 2) que llegamos a estos niveles dada la proliferación de estudios en la segunda mitad de la década de 1990 elaborados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras que señalaban la quiebra de los sistemas públicos de pensiones y que reclamaban su privatización; 3) que de hecho, entre 1995 y 2000, los fondos privados vivieron un auge excepcional en todo el mundo, pasando a gestionar de 4,9 a 11,5 billones de euros; 4) que en España, tal expansión fue todavía mayor en términos relativos pasando, en el mismo período, de 13 a 38 mil millones de euros; 5) que si bien se esperaba la quiebra para el año 2000, el derrumbe no llegó y desde entonces los ejercicios de Seguridad Social se han cerrado siempre con “superávit”, acumulando ahorros que representan el 6 % del PIB; 6) que, en consecuencia, las pensiones que están en crisis no son las públicas, sino las privadas, las que estuvieron ligadas a la evolución de la bolsa y se hundieron con la crisis financiera internacional de 2008, mostrando el punto débil de la administración privada de pensiones; 7) que las cifras son demoledoras precisamente “en 2008”, donde los fondos privados en el mundo perdieron el 18,3 % de su valor, siendo todavía mayores las caídas en el Reino Unido, EE.UU. y Canadá; 8 ) que en EE.UU. la crisis de las pensiones ya ha estallado, siendo 31 los Estados que están amenazados de quedarse pronto sin dinero para pagar las pensiones prometidas por su sistema privado de capitalización; 9) que en Europa la situación no es mejor y que la recuperación que estamos viendo de las economías es débil; 10 ) que el escenario que se promueve ahora para las pensiones es el anglosajón, donde se fueron reduciendo las pensiones públicas para hacer inevitable el complemento privado.

El resumen refleja que el artículo está bien escrito, bien estructurado y bien documentado, pero intentaremos ofrecer una lectura diferente de los hechos.

La naturaleza coactiva de las pensiones (privadas y públicas)

En primer lugar, es un mito pensar que el sistema de pensiones en problemas que el autor comenta, sea privado. Lo cierto es que en ningún país del mundo se ha eliminado la naturaleza coactiva del sistema, otorgando verdadera libertad para que el trabajador disponga de los frutos de su trabajo y los asigne como mejor le parezca, asumiendo sus propios riesgos. Tanto en el sistema público y de reparto de España, como en el sistema de capitalización privada de Chile, los trabajadores tienen la obligación de aportar un porcentaje mínimo de su salario. Es importante señalar que la situación óptima es la de permitir que cada trabajador asigne el porcentaje que desee al sistema previsional, sea 0 o 100 %, según las preferencias subjetivas de cada individuo. Algunos dirán que algunos sujetos no serán previsores y no ahorrarán dinero para su futuro, pero esto se sostiene sólo si pensamos que el Estado sabe mejor que el propio individuo lo que es mejor para él.

El fracaso del sistema de reparto

En segundo lugar, resulta una fábula destacar los éxitos del sistema de reparto. Creado en 1889 con las mejores intenciones, el sistema de reparto implicaba una proporción en la que 30 trabajadores financiaban a un jubilado. Ya en siglo XXI, los cambios demográficos —la tendencia generaliza hacia una caída en la tasa de natalidad y los avances médicos que alargan la vida de las personas— han modificado esta proporción. Hoy sólo tres trabajadores financian a un jubilado y la proporción será cada vez menor.

El fracaso del sistema queda bien reflejado en las palabras de Alberto Benegas Lynch (h), cuando señala que “[l]os actuales jubilados reciben montos que no guardan relación alguna con lo que han aportado durante su vida activa y la perspectiva de los actuales aportantes se vislumbra como un camino hacia la miseria”.

Las pensiones privadas

En tercer lugar, y este sí es un elemento importante del artículo de Rusiñol, debemos ocuparnos por analizar la coyuntura que enfrentan las administradoras privadas en todo el mundo. Como he destacado en otro lugar, representa un enorme progreso abandonar el sistema de reparto como el de España y reemplazarlo por un sistema de capitalización privada como el de Chile.

En tal sentido están trabajando en España los miembros de la Asociación para la Reforma de las Pensiones. ¿Pero en qué consiste tal reforma? Simplemente en que el dinero vaya a una cuenta privada de cada persona. De ser un impuesto se convierte en ahorros personales. Uno es propietario del capital y este capital crece a un interés compuesto (interés que genera interés) durante treinta o cuarenta años. Cuando uno se jubila no tendrá por qué preocuparse de si el Estado cuidó bien su dinero o en qué condiciones está “la caja” de la Seguridad Social para determinar qué pensión podrá percibir dependiendo de la “bondad” del gobernante de turno. En un sistema de capitalización el dinero está invertido y lo que se percibe a modo de pensión tiene una fuerte relación con lo que se fue aportando y con la rentabilidad que obtuvo la empresa privada elegida.

Más aún, si fallezco antes de percibir estos ingresos, puedo convertirlos en una herencia para mis hijos. También se pueden crear incentivos para favorecer el ahorro y así lograr o jubilaciones más tempranas o rentas de mayor cuantía.

El exitoso caso de Chile

En el caso de Chile, en casi treinta años los fondos de pensiones no perdieron un solo peso. No sólo eso, el sistema se constituyó bajo la previsión de que iba a lograr una rentabilidad anual del 4% y, sin embargo, desde sus comienzos las empresas privadas han cosechado una rentabilidad superior al 10%.

Casi treinta años después, uno puede observar los exitosos resultados del sistema privado. No sólo se ha conseguido duplicar las pensiones que reciben los jubilados, sino que el ahorro que surge como resultado del sistema privado de pensiones ha dado lugar a enormes inversiones que favorecen el crecimiento económico y reducen al mínimo la tasa de desempleo. La reforma chilena fue, en última instancia, la reforma fundamental que causó su milagro económico, hasta el punto de colocar hoy a este país en una situación diferenciada del resto de Latinoamérica.

La crisis de las pensiones privadas

Pero detengámonos aquí por un momento. Decíamos recién que en un sistema de capitalización privada como el chileno, las administradoras de pensiones privadas canalizarán el ahorro de la gente hacia el mercado de capitales, financiando las inversiones de las empresas de mayor envergadura, las que además de crear empleo, potencian el crecimiento económico del país.

La crisis financiera internacional, sin embargo, ha dado un duro golpe a estos mercados en todo el mundo. Las acciones de muchas empresas importantes han caído, y muchas administradoras privadas de pensiones han visto decrecer su capital, aun cuando diversificaron el riesgo.

Esta es la coyuntura que relata Rusiñol para señalar los problemas de las administradoras privadas, inspirada en las sesgadas observaciones de Miren Etxezarreta y Alejandro Inurrieta.

Es cierto que no hay consenso sobre las causas de la crisis. Es cierto que ésta tuvo múltiples causas. Pero como ha señalado Robert Higgs, “[e]n EE.UU., las más importantes fueron las siguientes: la política monetaria de dinero fácil de la Reserva Federal (FED) entre 2001 y 2005, que estimuló el boom inmobiliario; las presiones que muchos burócratas y agencias gubernamentales ejercieron sobre los bancos y otros prestamistas para rebajar los estándares crediticios sobre la concesión de hipotecas, con el fin de prestar más a quienes querían comprar casas y carecían de las cualidades suficientes para recibir préstamos bajo los criterios de evaluación bancaria tradicionales; el rápido crecimiento de las muy apalancadas empresas semi-gubernamentales (GSE, government-sponsored enterprises) Fannie Mae y Freddie Mac, que actuaban como compradoras de hipotecas en el mercado secundario y emisoras de títulos para financiar sus propias operaciones; el fracaso de las (oficialmente privilegiadas) agencias de calificación para identificar los riesgos reales asociados con muchos de los derivados financieros que estaban basados en el flujo futuro esperado de los pagos de préstamos hipotecarios; y el fracaso de muchas instituciones financieras a la hora de reconocer los riesgos reales de sus inversiones, y evitar esos riesgos o protegerse o asegurarse adecuadamente de ellos”.

En pocas palabras, digamos que es difícil negar que han sido los propios estados y las autoridades monetarias las que han generado las burbujas inmobiliarias en EE.UU., Europa y también en algunos países en desarrollo.

Es el propio Estado también el que ha generado la crisis de las pensiones, tanto públicas como privadas. En el caso de las pensiones públicas por el exacerbado gasto público que se consumió no sólo los impuestos, sino también los ahorros de los trabajadores. En el caso de las administradoras de pensiones privadas porque el Estado ha creado burbujas bursátiles e inmobiliarias que se consumen el capital genuino de aquellos que lo trabajan, lo producen y lo ahorran.

Una respuesta al estudio de Rusiñol

Volviendo sobre la síntesis del artículo de Rusiñol, debemos señalar que los puntos 1 a 4 sólo demuestran la preferencia de la gente por el sistema de capitalización, y la tendencia de los gobiernos a ir buscando salidas al sistema de pensiones de reparto, a favor del sistema privado. Que tal expansión de los fondos privados ocurra como consecuencia de los estudios y documentos elaborados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras, es una observación miope, que desconfía del sentido crítico de los especialistas en la materia.

En relación con el punto 5, resulta un error conceptual tomar los saldos positivos de cada ejercicio de Seguridad Social como un superávit acumulado que la buena gestión del sistema de reparto está generando. Tal “superávit” no es comparable con la renta que una empresa obtiene luego de deducir de los ingresos generados, todas las erogaciones. En un sistema de pensiones, siempre la caja es positiva, porque justamente está acumulando ahorros que si son bien invertidos permitirán en el futuro ser devueltos al trabajador con la rentabilidad conseguida. Lo que sería interesante que Rusiñol analice, así como lo ha hecho con las pensiones privadas, es tomar la variación del capital acumulado por la Seguridad Social antes y después de la crisis financiera internacional. Sería natural que tales montos caigan, luego de una depresión de las características sufridas por España, Europa y el mundo. Si no cayeron, es debido simplemente a que esos fondos no estaban siendo invertidos en ningún proyecto de inversión, y estaban simplemente perdiendo el costo de oportunidad de obtener la renta para la cual son precisamente ahorrados.

Continuando con la síntesis, y como ya hemos señalado, los puntos 7 a 9 nos indican que las pensiones que están en crisis son tanto las públicas, como las privadas. Las primeras, de reparto, porque son insostenibles en el largo plazo, y en la medida que no se tomen medidas inmediatamente habrá dificultades para ofrecer a la actual población económicamente activa, pensiones que les permita tener una vida digna en el futuro. Las segundas, administradas de forma privada, porque no pueden estar exentas a las burbujas bursátiles e inmobiliarias que las autoridades monetarias generan en todo el mundo y que destruyen capital, fruto del manejo monopólico de la moneda.

Para cerrar, es natural que los gobiernos estén trabajando en una transición como la del modelo anglosajón. Abandonar el sistema de reparto de forma instantánea dejaría a los actuales jubilados sin pensiones, u obligaría a los gobiernos a asumir enormes deudas públicas que permitan sufragar la transición. Esto es la consecuencia lógica luego de que los aportes de los actuales pensionados, hayan sido consumidos por los gobiernos en períodos anteriores. De hecho, sería interesante calcular cuántos meses de pensiones se pagarían con el insignificante ahorro acumulado de la Seguridad Social, que Rusiñol estimó en el 6 % del PIB para España. ¿Alcanza este “superávit” para financiar las pensiones totales de todos aquellos que durante tres o cuatro décadas aportaron al sistema de reparto? Por supuesto que no.

De ahí que la transición necesite ir reduciendo gradualmente las pensiones públicas, para dar lugar a las pensiones privadas. Este es precisamente el desafío que los gobiernos deberán asumir en esta segunda década del siglo XXI y es Chile, a mí entender, el país que cuenta con el mayor éxito en esta tarea en el pasado.

La lección que nos debe dejar Rusiñol es que no alcanza con privatizar las pensiones y cruzarnos de brazos. Necesitamos una reforma integral del estado. Es preciso que además de ampliar las libertades de los trabajadores en relación con la disponibilidad de sus salarios, ataquemos el problema madre de la problemática actual, cual es el monopolio de la banca central en el manejo de la política monetaria.

jueves, 17 de febrero de 2011

Algunas reflexiones sobre el liberalismo y el cristianismo*


POR ALBERTO BENEGAS LYNCH (H)
* Presentado en el Congreso que patrocinó el Institute for American Relations en mayo de 1981, publicado en Buenos Aires por la Fundación Carlos Pellegrini y reproducido en México por el Instituto de la Integración Iberoamericana.
Uno de los caminos más efectivos a que ha recurrido el totalitarismo en su batalla ideológica frente a los espíritus libres ha sido el de tergiversar el significado de las palabras a los efectos de dejar incomunicado al adversario. Ejemplo claro de este procedimiento son las confusiones deliberadamente creadas en torno al significado del liberalismo. También, por otra parte, en muchos casos de buena fe, se le han atribuido connotaciones equívocas al liberalismo apartándose de su significado original en la tradición anglo-sajona.
Podemos resumir dichas acepciones equívocas en cinco grupos. Primero: como sinónimo de libertino afirmando, por ejemplo, que tales o cuales personas "son muy liberales" en sus costumbres. Segundo: como sinónimo de izquierdista como sucede, por ejemplo, actualmente en los Estados Unidos. Es interesante detenerse un instante en este caso pues considero que ilustra magníficamente lo que señalamos al comienzo respecto de la incomunicación a través de la tergiversación del lenguaje. Los genuinos liberales del país del norte renunciaron a utilizar el término "liberal" pues consideraron que debido a las muchas acepciones de la palabra resultaba mejor recurrir a otra. Así es que se decidieron por el término "libertario" para referirse al liberalismo tradicional y entregaron el uso de "liberal" a los izquierdistas mal llamados "progresistas" norteamericanos. Hace poco, en Londres, se fundó la Unión de Libertarios Marxistas, movimiento que sorprendió sobremanera a los nuevos libertarios de Estados Unidos, quienes probablemente deberán escoger otro término para poder comunicarse. Con este procedimiento es posible que estos fenómenos se repitan sin percibir que, ni bien se arraigue la nueva denominación, también ésta será distorsionada a los efectos de prolongar y acentuar la confusión. El uso correcto de los vocablos no responde a un capricho sino a la necesidad de expresar ideas con la mayor precisión posible.
En tercer término, se recurre al término liberalismo como sinónimo de rousseauniano que, precisamente, resulta ser la antítesis del espíritu liberal. En Rousseau está la semilla del populismo moderno al pretender que todo debe ser decidido acatando siempre la "voluntad general". He aquí el origen de la corrupción de la democracia que hace posible expresiones como las del profesor de Harvard, German Finer, quien dice que "en una democracia la mayoría decide que es lo que está bien'' (1).
Cristo fue precisamente el mayor mártir de esta versión degradada de la democracia puesto que su inmolación fue decidida por una mayoría sin límite alguno. La influencia rousseauniana ha penetrado de tal manera en el pensamiento contemporáneo que se llega a admitir que el aspecto mecánico y formal de la democracia --como es la mayoría o la primera minoría-- puede eliminar su aspecto principal como es el de la obligación de los gobernantes de respetar y garantizar los derechos de los gobernados.(2)
En cuarto lugar, se ha usado la expresión liberal como sinónimo de libertinaje al hacer manifestaciones del tipo de "la libertad no es absoluta, no hay libertad para cualquier cosa", etc. Al no hacer la debida separación entre libertad y libertinaje se incurre en graves errores como cuando se hace referencia al "abuso de derecho"' lo cual constituye una logomaquía como bien han señalado los juristas Planiol y Ripert, puesto que no es posible que una acción sea al mismo tiempo conforme y contraria al derecho. La función de gobierno en un Estado de Derecho consiste en maximizar el campo de la libertad y eliminar el libertinaje protegiendo y garantizando los derechos individuales.
En quinto lugar, se hace referencia al liberalismo en el sentido que establece la Proposición Ochenta del Syllabus, es decir, libre pensador en materia de dogma, posición desde luego condenada por la Iglesia.
Liberal es el partidario de la libertad, entendida ésta en el contexto de las relaciones sociales y donde hay ausencia de coacción humana. Carece de significado, en este aspecto, referirnos a la libertad para hacer alusión a restricciones físicas o biológicas del hombre. Afirmar que no se es libre porque no podemos ir volando por nuestros propios medios a la luna y porque no se puede ingerir arsénico o dejar de alimentarnos sin sufrir las consecuencias o afirmar que se es "esclavo" de tal o cual vicio implica utilizar los términos libertad y esclavitud en un contexto que se encuentra fuera de las relaciones sociales. Libertinaje, en cambio, necesariamente implica una lesión al derecho. La filosofía liberal está basada en principios morales básicos como es la dignidad de la persona que necesariamente implica libertad, puesto que sólo el ser libre es responsable de sus actos.
Cuando se hace referencia a Occidente no se está haciendo alusión a un lugar geográfico sino a una forma de vida cuyos antecedentes se encuentran en Grecia, en Roma, en la grandiosa revolución moral del Cristianismo y todo ello consustanciado en el espíritu de la libertad indivisible sobre el que se construye el liberalismo. Los cimientos del liberalismo entonces están basados en un trípode inseparable de principios morales, jurídicos y económicos. En la medida en que se ha adoptado el liberalismo se han obtenido frutos de extraordinario valor en cuanto al respeto por el derecho, la dignidad del hombre, el bienestar social y la libertad como medio para la consecución de la felicidad, de la perfección, es decir, de Dios. El hombre, ente finito, posee una estructura acto-potencial. Enriquece su ser al actualizar sus potencialidades naturales en busca del bien moral, lo cual resulta posible si existe libertad. Difundir esta concepción de la vida fue la preocupación principal de liberales de la talla de Acton, Toqueville y Mercier de la Riviere. En este sentido, vale la pena transcribir una cita de aquel eminente profesor de Filosofía Moral, que fue uno de los precursores del liberalismo. Me refiero a Adam Smith que en su primera obra, La Teoría de los Sentimientos Morales, dice que "Cuando al seguir los principios naturales somos conducidos hacia aquellos fines que un adecuado razonamiento nos recomienda, generalmente nos inclinamos a sostener que es la razón la causa eficiente de tales conclusiones y tendemos a imaginarnos que es la sabiduría del hombre la que permite tales conclusiones cuando en realidad se debe a la sabiduría de Dios [...] Los principios que gobiernan a la naturaleza humana son las reglas y las leyes de Dios. Generalmente todas las reglas las denominamos leyes: por ejemplo las reglas generales relativas a los cuerpos en conexión con el movimiento se denominan leyes del movimiento. Pero aquellas reglas generales vinculadas con nuestras facultades morales en el sentido de aprobar y condenar determinadas acciones deben ser consideradas con mucha mayor razón como leyes. Estas últimas tienen una semejanza mucho mayor a lo que habitualmente llamamos leyes [...] Estas leyes son promulgadas por un Ser Superior y su sanción está vinculada al premio y al castigo [...] La felicidad del hombre aparece como la meta original que se propuso el Autor de la Naturaleza. No otro parece ser el fin de esta Suprema Sabiduría; esta opinión la deducimos de consideraciones abstractas de su Perfección Infinita, y está confirmada por la observación de la misma naturaleza que aparece dirigida a la promoción de la felicidad y a eludir la miseria. Al actuar de acuerdo a los dictados de nuestras facultades morales, necesariamente estamos promoviendo los medios más efectivos para promover la felicidad de otros y en este sentido podemos decir que estamos cooperando con Dios. Por el contrario, estamos obstruyendo en alguna medida el esquema del Autor de la Naturaleza, de la felicidad y la perfección del mundo y nos estamos declarando, si me permiten la expresión, enemigos de Dios si actuamos en un sentido contrario a lo que nos dictan las facultades morales".(3)
Como se ha señalado en diversas oportunidades,(4) muchos de los escolásticos fueron los precursores de la Escuela Austríaca, en verdad uno de los movimientos intelectuales más prolíficos del liberalismo.
A pesar de lo que hemos señalado, los hechos históricos, especialmente los referidos a la revolución industrial, han sido tergiversados y las posturas liberales muchas veces falseadas para inducir al público, consciente o inconscientemente, a que suscriba el sistema socialista muchas veces oculto tras los más diversos rótulos y denominaciones. Tal vez el intento más fecundo para demoler el liberalismo ha sido realizado por la Sociedad Fabiana a través de los centros académicos de mayor renombre de Occidente.(5)
Resulta frecuente que se recurra al término capitalismo en lugar de emplear el de liberalismo. A mi juicio, esto involucra un error puesto que el término "capitalismo" constituye una parcialización ya que hace referencia al aspecto material de la cuestión. El liberalismo, en cambio, como hemos dicho, se refiere a una forma de vida que trasciende en mucho lo meramente material. Además de ello --y en este sentido es posible que haya un prejuicio de mi parte-- fue Marx el que bautizó el régimen de libertad con el apelativo el capitalista (6). Con estas reflexiones en modo alguno estoy insinuando que carece de importancia el bienestar material. Estoy simplemente apuntando al orden prioritario de los valores del espíritu sobre lo material. Vinculado a este tema, muchos autores cristianos han incurrido también en importantes malinterpretaciones respecto del concepto de pobreza y riqueza en la Biblia al pretender que Jesús fue un patrocinador de la pobreza y, por ende, del hambre y la miseria general (7). Nada más equivocado, Jesús se refiere permanentemente a los pobres en el espíritu ("Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" Mateo V - 3), fustigando al que anteponga lo material al amor de Dios, en otras palabras al que "no es rico a los ojos de Dios" (Lucas XII - 21), y llamando la atención a los que carecen la humildad, aquella virtud que tiene lugar cuando el hombre tiene conciencia de sus propias bajezas y actúa en concordancia. En la Enciclopedia de la Biblia (8) al hacer referencia a las enseñanzas de Mateo leemos que "fuerzan a interpretar la bienaventuranza de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento interior de las riquezas" y más adelante en la misma obra (Tomo VI, pág. 240/241) se insiste que "la clara fórmula de Mateo --bienaventurados los pobres de espíritu-- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza mediante la omnipotente ayuda de Dios y según los deseos de Cristo y, convencidos de la propia debilidad, confiar únicamente en El". En el Apocalipsis (9), se dice "conozco tu tribulación y tu pobreza --aunque eres rico-- y las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás" y en Proverbios (10): "quien confía en su riqueza ese caerá". En Salmos (11) se afirma: "a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón". En la Biblia con el concepto de pobreza "se recalca entonces la actitud del alma y la disposición interior"(12). En el Deuteronomio(13), leemos la advertencia: "acuérdate que Javeh, tu Dios, es quien te da la fuerza para que te proveas de la riqueza". También en la Biblia se señala que "si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembro de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe"(14). En la parábola del joven rico se muestra como ese rico optó por lo material en lugar de Dios(15) ya que "nadie puede servir a dos señores''(16). En la parábola del joven rico, tantas veces tergiversada, conviene destacar que para aclararle la idea a sus discípulos Jesús dice: "'¡cuan difícil es para los que confían en las riquezas entrar en el reino de Dios!(17) También resulta de gran importancia señalar que Jesús a continuación dijo: "más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja que no entrar un rico semejante en el reino de Dios"(18). Por último con respecto a este tema, la Enciclopedia de la Biblia enseña que "la propiedad, concepto jurídico derivado del legitimo dominio, aparece en la Biblia como inherente al hombre''(19) y que "los Hechos de los Apóstoles refieren en la que los fieles vendían sus haciendas para provecho de todos, pero no hacen de tal conducta --que en sus consecuencias fue catastrófica, ya que hizo de la Iglesia Madre una carga para las demás iglesias-- una norma, ni menos pretende condenar la propiedad particular"(20). Santo Tomás de Aquino, con claridad, explicó que: "No es el caso que allí donde hay menos pobreza haya también menos perfección. Antes bien, puede haber suma perfección con gran opulencia". También Clemente de Alejandría apunta en su The rich man's salvation que "no contar con riquezas y andar por los caminos en la más absoluta pobreza no garantiza en modo alguno la bendición de Dios". La caridad de que tanto nos hablan las Sagradas Escrituras implica, necesariamente, un acto libre y voluntario realizado con recursos propios. La caridad, en lo que se refiere a la entrega de bienes materiales, indudablemente implica la propiedad a que, por otra parte, se hace referencia en dos de los Mandamientos: no robar y no codiciar los bienes ajenos. En su Motu Propio del 18 de diciembre de 1903 S.S. Pío X refiriéndose a las desigualdades patrimoniales decía que los "escritores católicos deben guardarse de inspirar al pueblo aversión por las cosas superiores y hablar de justicia allí donde no se trata sino de caridad".
A pesar de lo expuesto los llamados "sacerdotes para el tercer mundo", muchos de ellos fariseos, recomiendan la redistribución coactiva de los ingresos al tiempo que suscriben los errores antes apuntados sobre el concepto de pobreza y riqueza. Como se sabe re-distribuir ingresos implica volver a distribuir coactivamente lo que el mercado ya distribuyó voluntariamente, según los criterios de mayor productividad. Dejando de lado los efectos nocivos de la redistribución de ingresos, en cuanto a que, a la postre, conducen a menores ingresos y salarios en términos reales, debemos señalar la contradicción implícita en la postura de esos "sacerdotes para el tercer mundo". No es posible afirmar que la pobreza material es una virtud per se y, al mismo tiempo, sostener que deben re-distribuirse ingresos. Si lo que se busca es una mayor pobreza habría que destruir la mayor cantidad de bienes económicos posible pero no entregarlos a otros puesto que esos otros quedarían "contaminados".
Es importante señalar que la pobreza y riqueza son términos relativos. No es posible definir al pobre y al rico en términos absolutos, por lo tanto siempre habrá pobres y ricos desde el momento en que existen diferencias de rentas y patrimonios. Sin embargo, cuando los "sacerdotes del tercer mundo" hacen la apología de la pobreza, lo hacen en el sentido de los que llaman "desposeídos".
Desde el punto de vista económico, strictu sensu, de lo que se trata es que exista el mayor bienestar material posible. Para ello es menester lograr la optimización del ritmo de capitalización, ya que el capital --instalaciones, equipos, maquinarias y herramientas-- hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento, lo cual implica mayores ingresos y salarios en términos reales. Para lograr este resultado es necesario que existan las debidas garantías a la propiedad y que no se establezcan disposiciones como la del salario mínimo que inexorablemente se traduce en el desempleo de la gente que más necesita trabajar(21). Al respecto, considero oportuno poner de relieve el absurdo de hacer referencia a "las relaciones entre el capital y el trabajo" puesto que mal puede contratar el capital que está formado por instrumentos de producción. La contratación tiene lugar pues entre distintas formas de trabajo. Este error proviene de creer que existe una "clase trabajadora" y, además, circunscripta al trabajo manual, sin percibir que el factor trabajo incluye el intelectual. En este sentido, adoptar la expresión "clase trabajadora" implica, de hecho, avalar la teoría de la explotación marxista puesto que, en este supuesto, habría una "clase" que trabaja y otra que la explota.
Lamentablemente, muchos autores cristianos han incurrido en los errores apuntados a los cuales, como ya he dicho, muchas veces se agregan otras erróneas concepciones que obstaculizan la adecuada comprensión de los fenómenos económicos por parte de lectores desprevenidos.
El cristianismo no sólo no opone per se barreras al desarrollo de las energías creadoras del individuo sino que facilita grandemente su desarrollo. Han sido los "falsos profetas" y malos representantes del cristianismo los que han incurrido e incurren en errores que conducen a un achatamiento de lo cultural y material (recordemos el lamentable caso de Galileo y de prohibiciones eclesiásticas para estudiar algunos trabajos de Santo Tomás de Aquino. Para información relativa a este último caso, véase La Filosofía de la Edad Media de Etienne Gilson). Sin embargo, el espíritu cristiano, en gran medida hizo posible la aplicación del liberalismo, es decir, de los frutos de la sociedad libre. No es una casualidad que el liberalismo haya podido expresarse principalmente en naciones y pueblos cristianos.
Como explica el profesor L. Rougier en su monumental obra The genious of the West, otras religiones, en cambio, aún sin ser factores determinantes, constituyen per se serias trabas para la aplicación y los resultados del sistema de la libertad. Tal es el caso, por ejemplo, del taoísmo, del hinduismo y de los musulmanes.
En China, se vieron los usos del carbón, se inventaron los relojes mecánicos, se recurrió a la pólvora antes que en Occidente. Asimismo, expresaron principios importantes sobre meteorología e ingeniería hidráulica y descubrieron los usos del papel, la imprenta y la seda muy tempranamente. Sin embargo, no le dieron uso industrial a su inventiva. Ello se debe, en gran parte, a que el taoísmo aconsejaba la evasión del mundo. Lao-tsé atribuía los problemas del hombre a que se apartaba del estado natural e intentaba dominar su destino y las fuerzas de la naturaleza.
Similar es el caso de la India luego del budismo. Este país cuenta con cuantiosos recursos naturales en un extenso territorio. También fueron pioneros en muchos aspectos de las matemáticas, las posibilidades de trabajo en metales y textiles. Sin embargo, el hinduismo predica también la evasión que sería inherente a la idea de Brahama, además de establecer rígidos sistemas de castas (el paria debe resignarse a su condición, puesto que se debe a los malos actos cometidos en su existencia pasada, los cuales se purificarían en el presente para permitir una mejor existencia luego de la reencarnación).
Con el Islamismo ocurre también algo similar. Para el musulmán todo el conocimiento está contenido en el Corán. El profeta Mahoma enseñaba que todo lo que sucede es la voluntad de Alá y, por ende, no debe intentar cambiarse.
Por otra parte, el cristianismo ha sido un pilar fundamental de moralidad y espiritualidad que permitió la existencia de los frutos de una sociedad libre. Entre estos frutos desde luego, se cuenta el notable bienestar material que tiene lugar en la medida en que se adoptan los postulados del liberalismo. El aludido mayor bienestar social no significa en modo alguno igualdad económica. Al respecto resulta sumamente ilustrativa una reflexión de S.S. León XIII (22) "Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se debe guardar intacta la propiedad privada", y sigue diciendo el Santo Padre "Sea, pues, el primer principio y como la base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana, que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos, y los bajos. Afánanse, en verdad, los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud, ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. Lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesita para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de fortuna de cada uno".
En algunas oportunidades, al afirmar la verdad de que el crecimiento económico y el progreso material son medios para fines de orden espiritual y moral, se ha incurrido, a mi juicio, en otra equivocación conceptual al condenar la "sociedad de consumo". Hablar de sociedad de consumo es una redundancia, puesto que la sociedad, o más bien el individuo, que no consume se muere por inanición. Sería lo mismo que hablar de la "sociedad que respira". Distinta es la referencia que a veces se hace al "consumismo" en el sentido de señalar los peligros de anteponer lo material a los valores del espíritu.
La diferencia entre el sistema social de la libertad o el liberal y el totalitario radica en que en el primer caso es el individuo el que manifiesta sus preferencias a través de sus compras o abstenciones de comprar en el mercado, mientras que en el segundo, son los gobernantes de turno quienes deciden acerca de los destinos que debe de tener el fruto del trabajo de los gobernados. En esto no caben terceras posiciones. La libertad es un don de Dios, en ningún pasaje de la Biblia se encuentra consejo alguno en el sentido de que es lícito lesionar la libertad. En la Biblia, también las terceras posiciones están condenadas: "el que no está por mí, contra mí está; el que conmigo no recoge desparrama"(23). El profesor Claude Robinson explica en su obra Understanding Profits que el sistema de ganancias y pérdidas apunta a que se satisfagan las necesidades del prójimo como condición para satisfacer las propias. Robinson afirma que "podemos confiar en las implicancias éticas de un sistema que retribuye a quienes sirven a sus semejantes los cuales juzgan acerca del mérito del oferente. En cambio, cuando interviene el Estado necesariamente se modifican los resultados y se constituyen factores de presión a los efectos de apoderarse de riqueza sin tener en cuenta el referido mérito". (Este tema es también tratado en la colección de la Unión Editorial de Madrid en los libros La Moral del mercado de H. Acton, La ética de la sociedad competitiva de F.H. Knight y La libre empresa, imperativo moral de varios autores, especialmente, para nuestro propósito, véase la colaboración de W.J. Wessels).
En estas breves reflexiones en torno de algunos aspectos del liberalismo y el cristianismo pretendo señalar que en las propuestas políticas y económicas del liberalismo no sólo no hay ni puede haber contraposición alguna con las enseñanzas del cristianismo, sino que hay plena coincidencia, desde que ambos afirman que la libertad constituye requisito sine qua non para la responsabilidad individual y, por ende, para que tenga sentido el valor moral. Como se ha dicho, en ningún lugar de las Sagradas Escrituras se encuentran recomendaciones contrarias a la sociedad libre y este es, precisamente, el medio a que recurre el liberalismo para que cada uno pueda desarrollar su capacidad creadora y encaminarse hacia el Fin Ultimo. Como también se ha dicho, la naturaleza del hombre implica libertad, por ello toda lesión al Estado de Derecho --la quintaesencia del liberalismo-- necesariamente significa negar parte de dicha naturaleza, como bien ha apuntado el profesor Louis Rougier(24). Demás está decir que el liberalismo y el cristianismo tienen puesta su atención principal en dos órdenes sustancialmente distintos: el temporal y el espiritual. El liberalismo no garantiza la moral individual, sólo se ocupa de reprender las acciones que lesionan derechos de terceros. De ahí es que el célebre jurista Jellinek afirmó que el Derecho --la Ley-- es un "minimun de ética", la moral trasciende el aspecto legislativo y entra en la esfera de la conciencia individual. Es en esta esfera en la que principalmente actúan e iluminan los representantes de Cristo en la tierra; esta tarea espiritual constituye su área principal que es diluida y destruida en la medida en que se secularice y mucho más si sus posturas en lo temporal resultan ser incompatibles con la filosofía cristiana como son las de los mencionados "sacerdotes para el tercer mundo"(25)
Como sabiamente ha sostenido San Agustín, la diferencia del hombre con el resto de los animales es su "capacidad para trascender". Como hemos dicho más arriba, el hombre actúa en busca de la felicidad, esta es la esencia del socratismo en la ética, de Aristóteles cuando señalaba que "se ve, pues, que la felicidad, por sí suficiente es el fin real de todas las acciones", se encuentra en el Sermón de la Montaña, en la frase que cita Santo Tomás de Aquino de San Agustín: "ser felices, esto no podemos no quererlo", San Gregorio de Nisa por su parte escribió: "la felicidad, tal es el fin [...] Todo lo que se obra seria y deliberadamente tiene en mira la felicidad". El doctor Manuel Río define la cuestión con gran claridad al sostener que "la felicidad denomina con la mayor propiedad al estado a cuya concepción se dirige, acertada o erróneamente, toda la acción del hombre"(26). El fin de la vida es entonces la felicidad, la perfección, es acercarse a Dios. Por ello es que como bien muestra el Rev. Edmund A. Opitz "hay una diferencia irreconciliable entre el ateo y el teísta, entre los que creen que el hombre ocurrió en un universo sin sentido y que será conducido a un punto sin significado ni trascendencia alguna y los que creen en la trascendencia del hombre y los propósitos de Dios" y continúa afirmando que "nos armamos militarmente para hacer frente a las amenazas comunistas, pero ¿para qué sirven los barcos, armas y bombas poderosas si nos encontramos espiritual e intelectualmente desarmados? [...] Nuestra sociedad en gran medida actúa aparte de Dios, Su dimensión parece haber dejado de existir en nuestra vida social y el hombre pretender ser su propia meta y su propio fin" para finalmente afirmar que "en el orden temporal la filosofía cristiana implica una sociedad libre, un gobierno con poderes limitados y un mercado libre"(27). Como bien enseña Mons. Fulton Sheen: "los comunistas carecen de libertad pero saben a que los conducirla la libertad; nosotros que todavía tenemos libertad, parecería que aún no sabemos para que sirve".
Apunta el profesor Daniel Villey (28) que el problema entre muchos teólogos y el liberalismo, especialmente en lo relativo a su aspecto económico, es que "muy pocos teólogos católicos saben verdaderamente lo que es el liberalismo y no conocen el funcionamiento de la economía de mercado".
En alguna medida, es por ello que la Santa Sede advierte que "De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social [...] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y el leninismo [...] Si se recurre a análisis de ese género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados"(29)
En alguna oportunidad se ha cometido el grave error de confundir al liberalismo con el racionalismo. Tal vez se contribuya a disipar este error citando, de los que viven, al mas destacado exponente del liberalismo: el profesor Friedrich A. von Hayek, quien señala que el individualismo (término por vez primera utilizado por los sansimonianos para oponerle el de socialismo a que también ellos recurrieron por vez primera) "estima más bien inferior el lugar que la razón tiene en los asuntos humanos y que sostiene que el hombre ha logrado lo que tiene, a pesar del hecho de que solo parcialmente es guiado por la razón, y que su razón individual es muy limitada e imperfecta, y otra concepción que presume que la Razón, con R mayúscula, está siempre a la disposición completa de todos los hombres y que todo lo que el hombre logra es el resultado directo de la razón individual y por consiguiente sujeto al control de la misma. Uno podría aún decir que la primera concepción es el producto de una aguda conciencia de las limitaciones de la mente humana, que determina una actitud de humildad hacia los procesos sociales anónimos e impersonales, por los cuales los individuos ayudan a crear cosas mas grandes que las que ellos saben, mientras la última es el producto de una fe exagerada en los poderes de la razón individual y, en consecuencia, del desprecio por todo lo que no ha sido conscientemente ideado por ella o no es completamente inteligible"(30) y más adelante continúa afirmando el profesor Hayek que la concepción racionalista "lleva directamente al socialismo" donde se concibe a "ingenieros sociales" (planificadores) que rigen los destinos de la humanidad. En el mismo trabajo, Hayek cita a Adam Ferguson (que junto con Adam Smith, Edmundo Burke, Alexis de Toqueville y lord Acton constituyen el punto de partida del liberalismo clásico): "las naciones descansan en instituciones que son, en efecto, el resultado de la acción humana, pero no el resultado del designio humano".
Para terminar con esta breve referencia al espíritu cristiano y liberal quisiera formular alguna reflexión sobre el llamado "principio de subsidiaridad". Si bien es cierto que muchos de los autores que han tratado el tema del "principio de subsidiaridad" lo han hecho con la mejor de las intenciones y a los efectos de circunscribir la actividad estatal a lo estrictamente necesario, dicho principio ha servido en muchos casos, en la práctica, para que el Estado amplíe su esfera de acción en lugar de restringirla y para justificar empresas comerciales del gobierno y permitir aventuras estatales e incursiones en el mercado a todas luces, antieconómicas y perjudiciales. Creo que no basta con tener conceptos claros sino que es necesario explicarlos en términos que no resulten equívocos. Las actividades del Estado en modo alguno son subsidiarias sino principales. Hay funciones que debe realizar el Estado y que no deben realizar los particulares, como así también hay áreas en las que el gobierno no debe inmiscuirse puesto que competen al llamado sector privado. Cuando se afirma que el sector público debe realizar sólo aquellas actividades que el sector privado no encara por falta de interés o de capitales, se está incurriendo en un manifiesto contrasentido. En primer lugar, porque, como hemos apuntado, el Estado debe cumplir con sus funciones específicas y; el sector privado no debe ni puede realizarlas con la necesaria efectividad. En segundo término, las áreas que se encuentran fuera de aquellas funciones gubernamentales son las que el Estado no debe ni puede atender eficientemente. El gobierno no ha sido concebido para hacer de comerciante, industrial, banquero o agricultor, sino para hacer Justicia. Si los particulares no encaran cierta actividad es porque consideran que existen otras prioridades y como los recursos son escasos no es posible atender todo en forma simultánea. En última instancia, el llamado sector privado siempre encara todas las actividades: unas veces las realiza voluntariamente a través de las operaciones en el mercado y otras en forma coactiva a través de impuestos o inflación, alterando las prioridades de la gente. El atender estas necesidades más urgentes permite una mayor rentabilidad, lo cual generará nuevos capitales para, recién entonces encarar otras cosas hasta el momento consideradas no viables. Si el gobierno altera las referidas prioridades, está comprometiendo el futuro económico del país en cuestión. No existe entonces subsidiaridad alguna en lo que se refiere al área específica del aparato político. Podríamos, eventualmente, referimos a la subsidiaridad o a la acción supletoria del gobierno al socorrer individuos en situación extrema como enfermos, ancianos o desvalidos siempre que no fueran atendidos por la beneficencia. Ahora bien, considero que este ejemplo no justifica que se recurra al "principio de subsidiariedad" como definición o plataforma general de gobierno, ya que por las razones señaladas dicho principio no ayuda a precisar una filosofía de gobierno sino más bien contribuye a hacerla ambigua (31).
Esta ambigüedad también aparece cuando se recurre a la "justicia social" que en el mejor de los casos es una expresión redundante y, en otras oportunidades, consciente o inconscientemente, implica, en última instancia, "sacarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece" lo cual, demás está decir, contradice abiertamente el concepto de Justicia según la clásica definición de Ulpiano (32).
En resumidas cuentas, en este breve trabajo se pretende mostrar un bosquejo de la interrelación entre los principios del liberalismo y el cristianismo aunque se refieran a órdenes sustancialmente diferentes, como ya se ha puesto en evidencia. Un liberal puede o no tener la gracia de la Fe, puede o no ser religioso, pero los principios que postula en su esfera de acción están del todo consustanciados con los principios morales del cristianismo. El socialismo en sus diversas formas es, en cambio, la antítesis del cristianismo. Por ello es que S.S. Pío XI declara que "Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero"(33).
Notas:
Road to Reaction, pág. 60.
"No queremos mezclarnos en las elecciones; tampoco apoyamos ningún partido en concreto, pero tenemos que proclamar los principios de la verdad y el deber para que todo católico quede informado para emitir su voto de acuerdo a estos principios. Columna capital de una verdadera democracia es el reconocimiento de los derechos inalienables de toda persona que no deben ser escarnecidos por nadie", Cardenal Mindszenty, Memorias. También es interesante la reflexión de SS Pío XII en el Congreso de Estudios Humanísticos: "Los derechos del hombre son tan inviolables que contra ellos ninguna razón de Estado ni ningún pretexto de bien común puede prevalecer".
The Theory of Moral Sentiments (Liberty Press, 546 pp.) Las citas corresponden a las páginas 168 y 274/75.
Véase muy especialmente el trabajo del profesor M.N. Rothbard New light on the Prehistory of the Austrian School en Foundations of Modern Austrian Economics (Universal Press Sindicate, 238 pp.)
El capitalismo y los historiadores de Friedrich A. von Hayek y otros (Unión Editorial, Madrid, 310 pp), Keynes at Harvard por varios graduados de esta universidad (The Veritas Foundation) y The Fabian Freeway de L. Martin.
Para ampliar este tema véase mi libro Fundamentos de Análisis Económico en la pág. 335 y sigs. (Editorial Universitaria de Buenos Aires, 7º edición). He descubierto recientemente que el profesor Wilhem Roepke se opone al término por las mismas razones que expongo (en su obra Economics of the Free Society).
Este tema lo he tratado extensamente en mi trabajo La riqueza y la pobreza en la Biblia, publicado en Estudios Teológicos, Revista Semestral de Investigación e Información Religiosa del Instituto Teológico Salesiano de Guatemala (año III, Nº 5, julio de 1976).
Enciclopedia de la Biblia, editada en España, en seis, tomos bajo la dirección técnica de los profesores de la Universidad de Barcelona R.P. Sebastián Bartina (Catedrático de Ciencias Bíblicas) R.P. Alejandro Díaz Macho (Profesor de Lengua Hebrea) y bajo la supervisión general del arzobispo de Barcelona, tomo VI, pág. 1145.
Apoc. XII- 9.
Prov. 11 - 18. Nótese que ahora la ref. es a la riqueza material.
Salm. 62-11.
Enciclopedia de la Biblia (Opus cit.), vol. V, pág.: 1144.
Deut. VIII - 18.
1 Tim. V - 8.
Marcos X - 24, 25, 28 y 29.
Mateo VI - 24.
Marcos X - 24, La Sagrada Biblia, Prensa Católica, lmprimatur del arzobispo primado de Méjico, Miguel Darío Miranda, 1964.
El subrayado es del texto, el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, Imprimátur Monseñor Antonio Rocca, Vicario General, 1928.
En la Enciclopedia de la Biblia (Opus cit.), vol. V, pág. 1294.
Ibid.
Para ampliar este tema véase mi libro (opus cit.), cap. IX, pág. 215 y sigs. Dicho sea de paso, como este trabajo será presentado ante una audiencia en gran parte de habla inglesa, deseo señalar que mi libro aludido será editado próximamente en inglés por la Foundation for Economic Education de New York, con prólogo del Premio Nobel en Economía. F. A. Hayek y prefacio de William E. Simon.
Rerum Novarum de 1891.
Mateo XII - 30. También en el Apocalipsis (3 - XIV): "Conozco tu conducta; no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio y ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Las implicaciones sociales y políticas de las Encíclicas Pontificias (Revista de la Economía Política, París, 1960).
Uno de los últimos ejemplos aberrantes de las referidas posturas está constituido por las expresiones de uno de estos sacerdotes --en realidad traidores al espíritu de Cristo-- en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo ante la presencia de miembros del gobierno de Nicaragua, el arzobispo de San Pablo, sacerdotes, monjas y representantes de numerosos " movimientos cristianos". Las aludidas expresiones fueron pronunciadas, entre otros, por un Obispo brasileño --Monseñor Pedro Casaldáliga-- quien al recibir una chaquetilla de un guerrillero sandinista dijo: "Voy a tratar de agradecer este sacramento de liberación que acabo de recibir con los hechos y, si fuera preciso, con la sangre. Me siento, vestido de guerrillero, como me podría sentir paramentado de sacerdote'. (Tomado de la revista Tradición, familia y propiedad, año XII, Nº 4, octubre de 1980).
El subrayado es nuestro. Prólogo del profesor Río de la obra Fundamentos de la Moral de H. Hazzlit (Fundación Bolsa de Comercio de Buenos Aires, 567 pp.) Las citas respecto de la felicidad son tomadas del referido prólogo.
Religion and Capitalism: Allies, not enemies, Rev. E. A. Opitz (Arlington House, New York 317 pp.). Actuar "Aparte de Dios" y su Ley Natural incluye aquel homicidio que se disfraza bajo el nombre de aborto También incluye la pretensión de desconocer el vínculo matrimonial, con lo que se destruye la familia.
La Economía de Mercado ante el pensamiento católico Revista "Ordo", 1953.
El subrayado es nuestro. Comisión teológica internacional de la Santa Sede, Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana, junio 30 de 1977.
Individualismo verdadero y falso (Centro de Estudios sobre la Libertad, Bs. As., 1968). En la misma obra Hayek se refiere a las interpretaciones totalmente erradas y tergiversadas del llamado "hombre económico" y formula severas criticas al egotismo. Otra de las secciones de este trabajo de Hayek se llama Sana desconfianza por la infalibilidad de la mayoría, donde explica los peligros de la pseudodemocracia de los jacobinos. En este sentido, recientemente he descubierto una cita de Santo Tomás de Aquino --del todo concordante con los Documentos Pontificios sobre la materia-- donde, al señalar la opinión de San Agustín, afirma que "si un pueblo es razonable, serio, muy vigilante en defender el bien común, es bueno promulgar una Ley que permita a ese pueblo darse a si mismo los magistrados que administren los asuntos públicos. Sin embargo, si poco a poco ese pueblo se va depravando, si vuelve venal su sufragio, si da el gobierno a personajes escandalosos y criminales, entonces conviene quitarle esa facultad y volver al juicio de unos pocos hombres de bien" (Suma Teológica, I-II, 97,1).
Lo que he transcripto del "principio de subsidiariedad" se encuentra en mi trabajo inédito El ejemplo del absurdo: el caso de las empresas estatales que será presentado en la asamblea regional de la Mont Pelerin Society a celebrarse entre el 15 y el 20 de noviembre de 1981 en Chile.
Para un detenido análisis de la llamada "justicia social" véase el segundo tomo de Derecho, Legislación y Libertad de F.A. Hayek cuyo subtítulo es, precisamente. el espejismo de la justicia social (Unión Editorial, Madrid, 249 pp.). También del Premio Nobel véase justicia social y redistribución de ingresos en 'Ternas de la hora actual (ed. Bolsa de Comercio de Buenos Aires, 87 pp.).
Quadragesimo Anno, 1931.