jueves, 10 de octubre de 2013
Pobreza, Riqueza y lo que dice la Biblia.
viernes, 31 de mayo de 2013
Moneda y Banca Estatal.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Ciencia, Razón y Poder Razonable
viernes, 4 de enero de 2013
martes, 11 de diciembre de 2012
Estado y Moral.
jueves, 30 de agosto de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
El Ahorro vs La Deuda
Por: Hugo Balderrama
El mundo atraviesa una de las peores crisis económicas de la historia solo comparable con el crack de 1929, como era de esperar los analistas de la izquierda saltan de alegría y según ellos tienen una razón más para demostrar el inminente fin del modelo capitalista. Pero al igual que el década del 20 sus críticas tienen un blanco errado y de hecho que sus soluciones propuestas solo agravaría la situación actual. El origen de la crisis que padecemos se debe a la irresponsabilidad del aparato estatal con sus gigantescos gastos, endeudamientos desenfrenados, déficit astronómicos, empecinadas manipulaciones en la tasa de interés que hacen aparecer como rentables negocios que en verdad son antieconómicos, regulaciones asfixiantes en los mercados inmobiliarios y financieros, junto con un sistema absurdo de reserva fraccional dirigido por la banca central que pone a todos los bancos al borde del colapso cada vez que hay un cambio en la demanda de dinero, nada de lo anterior puede considerarse capitalismo liberal, la descripción corresponde a lo que mi buen amigo Alberto Mansueti llama el Neoestatismo.
El panorama que vivos en las líneas anteriores tiene su efecto inmediato en el nivel de vida de todas las familias, pero en especial de aquellas que tiene ingresos fijos que ven como el poder adquisitivo de sus presupuestos se corroe por la inflación, que es la consecuencia inmediata de la manipulación monetaria por parte de los gobiernos, pero además la depreciación del poder adquisitivo tiene un efecto a largo plazo que se traduce en una menor capacidad de ahorrar obligando a las personas a contraer deudas para cubrir sus vacíos financieros.
El crédito que el pasado era una recurso extraordinario y usado en situaciones extremas hoy es la forma de pago de una gran parte de los bienes de consumo cotidiano, lastimosamente desde los gobiernos se fomenta el endeudamiento crónico a través de leyes como el encaje legal que como vivos más arriba hace que el sistema financiero viva en la cuerda floja. El dinero fácil que proviene de la política populista de crédito barato confunde más dinero con poder adquisitivo. La producción no se incrementa alterando la base monetaria sino mediante una sana moneda que mantenga su poder de compra en el tiempo.
Si nos podemos a indagar un poco veremos que el mayor promotor de esa política son los bancos centrales de todos los países del orbe, entidades políticas que responden a los lineamientos estatales porque simplemente no hay manera de que una institución de planificación central sea independiente de lo que políticamente se determine, el ciclo de endeudamiento crónico empieza con una reducción drástica de las tasas de interés, dando la impresión de la existencia de mayor ahorro disponible haciendo que las familias encaren proyectos que parecen rentables. Entonces se habrá creado un boom que más tarde deberá volver a colapsar cuando los precios relativos (y no generales) tiendan a mostrar que debe darse un ajuste, (aunque el pasivo de aquellos proyectos en el banco sigan siendo los mismos), entonces se recurre a las famosas refinanciaciones crediticias que en palabras simples es seguir cavando la tumba de las financias familiares.
Los bancos han colaborado con este sistema, actuando como agentes de los gobiernos, para vender su deuda al público, o también, con su falta de separación entre banca de inversión y banca comercial, colocando dinero del público en papeles de riesgosa recuperación, pero bien calificados por las agencias de rating, puntajes que luego éstas mismas se encargarán de degradar, cuando ya no sea posible salir del bono, y cualquier profano note que esa inversión no será recuperable.
Para terminar esta nota tomare prestado una frase de un artículo de mi amigo y colega Mauricio Ríos “Siendo la moneda el campo de la economía menos estudiado y sobre el que menos se ha escrito, se ha cometido errores metodológicos tan grandes y el desconocimiento teórico ha sido tal que, en vez de que –como diría Popper- nos una más la infinita ignorancia en la que estamos inmersos, que el muy escaso conocimiento que poseemos, se le ha permitido a la coactiva planificación central cometer los mismos errores de descontrol financiero y distorsión monetaria que han desembocado de manera recurrente en recesiones económicas. Es por eso que el aspecto monetario también se convierte en el área más trascendental de la economía en tanto no sea concebida como un genuino y espontáneo proceso social de cooperación, pero no vaya a ser que, al igual que con la relación Estado-Iglesia, se tarde 200 años en terminar con la relación Estado-moneda.”
viernes, 2 de marzo de 2012
La Deforma Educativa
Por: Hugo Balderrama
El 1 de Febrero dio comienzo a la nueva gestión académica en colegios y universidades. Y arrancó también una reforma en la enseñanza que el oficialismo llama “la revolución educativa” a través de la ley Avelino Sinani y Elizardo Pérez.
Según las declaraciones del ministro del área es “la política educativa más moderna y avanzada de toda América Latina, solo comparable con las aplicadas en Cuba y Venezuela”. Lastimosamente la ley de marras ni es moderna, no es educativa, y muchos menos reformadora. Su contenido y fundamento es el mismo discurso marxista camuflado de indigenista con un toque New Age y la religión ecologista de la Madre Tierra. “Política Correcta”.
Mucha gente se cuestiona los contenidos de la enseñanza oficial, y propone otros contenidos, pero no se hace la gran pregunta: ¿por qué el Estado debe ser maestro y educador? Lo que caracteriza al Estado es el uso de la fuerza, ¿es necesaria para educar? ¿Debe el Estado imponer una u otra educación a la fuerza, coactivamente?
La educación compulsiva en manos del Estado comenzó en el siglo XVIII. Se asumió que los padres no enviarían a sus hijos a la escuela si no fuesen forzados a hacerlo; que la escuela estatal seria “gratuita”; y además “neutral” en materia religiosa.
El primer supuesto es un error; la educación es por naturaleza la primera preocupación que tenemos los padres, por siglos las familias enviaron a los centros académicos a la prole sin la necesidad de ser obligados, solo basta observar la gran tradición griega, hindú, musulmana, cristiana y judía en materia educacional. En cuanto al segundo supuesto, la gratuidad, tampoco es así: sus recursos provienen de la financiación compulsiva es decir tributos, punto en el cual es necesario recordar que a mayores tasas impositivas menores niveles de capitalización lo cual compromete la creación de nuevas fuentes de empleo y perjudica el ahorro en especial de los más necesitados.
En cuanto al tercer supuesto, la religión, es una cuestión privada. No es tarea de los gobiernos promover o negar la práctica de tal o cual religión o ninguna. Los padres podemos inculcar valores religiosos en los hijos, pero al final será una decisión personal de ellos si aceptan o rechazan los principios de sus progenitores. Lo que debería existir una absoluta libertad en la creación de colegios y el diseño de planes educativos que respondan a los principios que como familia queremos transmitir a nuestros descendientes: ateos o religiosos de esta o la otra confesión o iglesia particular.
La imposición de currículos educativos uniformes donde los estudiantes serán tratados como una línea de producción en serie, es de hecho la muestra más patente de autoritarismo. Lastimosamente en nuestro país todo el mundo parece aceptar la creencia de que los legisladores son los indicados para decidir lo que cada uno de nosotros debe aprender La pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué ellos? ¿No serán los propios padres quienes saben qué es mejor para su hijo?
En todo caso, ¿no lo debería decidir cada uno de acuerdo a sus necesidades, intereses, potencialidades, gustos? Pareciera que la respuesta es que no. Y, sin embargo, si asumimos que los padres no saben qué es bueno para cada hijo y esos mismos padres resultan electos en y para algún “cargo público”, ¿de pronto “saben” qué es bueno para los hijos de “todos”?
En la orientación del liberalismo clásico, Friedrich Hayek ha advertido: “Cuando al hacer una ley se han previsto sus efectos particulares, aquella deja de ser un simple instrumento para uso de las gentes y se transforma en un instrumento para uso del legislador sobre el pueblo y para sus propios fines”. Por su parte, Bruno Leoni sostuvo “nos hemos acostumbrado cada vez más a considerar el proceso legislativo como una cuestión que concierne a las asambleas legislativas, más bien que a los hombres ordinarios de la calle, y, además, como algo que se puede hacer de acuerdo con las ideas personales de ciertos individuos, siempre que éstos estén en una posición oficial para hacerlo”.
El sistema educativo deber ser sometido a una profunda desregulación y desmonopolización de la función docente por parte del magisterio. Si dejamos que el Estado diseñe el sistema (instituciones, programas, bibliografías), lo imparta (en instituciones de gestión privada y de gestión pública, ya hemos visto que es casi lo mismo) y lo controle (certifique, habilite y audite) habremos caído en una profunda trampa. Es urgente limitar las funciones del Estado en materia educativa.
En un mercado educativo abierto, verdaderamente competitivo, el gobierno no cercenaría la posibilidad a los padres de elegir para sus hijos las escuelas administradas privadamente y que se amoldaran a las convicciones de cada cual. Además cortaríamos con la eterna dependencia del Estado. Los padres tendríamos opciones genuinas como el homescholling o colegios y universidades verdaderamente privados confesionales o no, donde el contenido mínimo será libre de la intromisión de las botas estatistas, la verdadera reforma en la educación consiste en hacerla más libre, más eficiente y más acorde a las necesidades, gustos y potencialidades de cada irrepetible ser humano individual.