martes, 25 de mayo de 2010

La nueva inquisición del siglo XXI (Parte I)

Hace unos días, en el debate de la noche de CNN+, una de las invitadas comentó que estaba a favor de que dejasen a las jóvenes musulmanas ponerse el hiyab después de los 18 años. Pero después añadió, que estaba de acuerdo con que se lo prohibieran si llegaban a ser funcionarias del Estado, especialmente en los sectores de sanidad y enseñanza. De modo que una vez que entran a la universidad, las dejamos vivir unos cuatro años de ensueño y libertad, dejándolas creer que son ciudadanas como los demás y que están en pie de igualdad que el resto de sus compatriotas en lo que respecta a deberes y derechos y unos años después, cuando se incorporen al mundo laboral, les diremos: “hagan el favor de quitárselo, ya han podido ponérselo durante unos años y con eso es suficiente”.
Otra de las invitadas, utilizó el ya muy conocido argumento de “nuestra cultura y nuestros valores”, de hecho cuando el presentador-moderador le preguntó “¿qué valores son esos?”, la invitada tuvo que pensárselo para decir después: “la libertad y la igualdad”. ¿Desde cuándo ambos valores han dejado de ser universales para convertirse exclusivamente en “nuestros valores”? ¿Se han transformado en propiedad privada y exclusiva de España o de cualquier otro país europeo o de EEUU? Y prefiero, si me permiten, no utilizar la etiqueta “país occidental”, porque aún no tengo muy claro qué significa.
Soy la primera persona que se une al aplauso, apoyo y elogio de la lucha por la democracia, la libertad y los derechos que tuvo lugar en Europa en el siglo XVIII (y digo: “tuvo lugar” y no: “se inició” en Europa, porque hay infinitos casos de democracia y libertad mucho antes y en otros lugares del mundo). Además, pertenezco a Europa, y me siento muy orgullosa en este aspecto. Pero precisamente, porque soy consciente del valor, dolor y esfuerzo que han conllevado conseguir todas estas metas tengo que alzar la voz para que no se atente contra un bien tan preciado como es la libertad en general y la libertad religiosa en particular.
Justamente porque me importa Europa y porque me importa “nuestra cultura”, me veo obligada a recordar que la lucha iniciada por la Ilustración no estaba exenta en absoluto de errores: ¿a caso, Rosseau, uno de los padres de este gran movimiento, no es también uno de los padres del machismo? Echen un vistazo al último capítulo de su libro “El Emilio”. Con esto quiero decir, que si somos capaces de mirar a nuestra historia tal y como es, con sus defectos y sus virtudes y no tal y como se la inventan hoy en día los más que politizados medios de comunicación, nos daremos cuenta de que “nuestra cultura y nuestros valores”, no son “nuestros”, sino de fruto del esfuerzo de toda la Humanidad, de personas (mujeres y hombres) de todas las religiones y culturas.
De este modo se hace totalmente inválido el argumento de “nuestra cultura y nuestros valores”; ya está bien de dar por sentado que las personas de confesión musulmana no incluyen en su repertorio de ideales la libertad y la igualdad.
También se comentó que cuando “nosotros” vamos a “sus” países nos obligan a ponernos el velo y nos los ponemos. En respuesta a esta declaración otra de las invitadas señaló que esa es la diferencia entre “nosotros y ellos”. Pero la cuestión real es que si nosotros alardeamos de democracia, entonces tenemos que estar a la altura de nuestro alarde; resulta que gran parte de los países de habla árabe, por circunstancias políticas, económicas y sociales (y no por ser árabes), se encuentran sumidos en oscuras dictaduras (apoyadas abiertamente por “nosotros”) y por tanto, cuando decimos “tenemos que prohibir el pañuelo porque ellos obligan a las mujeres a ponérselo”, una de dos: o es que estamos reflexionando con los pies en lugar de con la cabeza y no nos hemos dado cuenta o se nos ha olvidado que precisamente porque somos una democracia nuestro deber es garantizar la libertad de nuestras ciudadanas musulmanas para que ellas elijan, utilizando los criterios que ellas vean adecuados, ponerse o no el pañuelo.
De lo contrario, estamos dando por sentado que no están capacitadas para escoger el modo de vida que ellas quieran y eso nos hace volver al orientalismo más crudo del siglo XVIII.
No podemos comparar una democracia con una dictadura, porque por esa regla de tres destrozamos de golpe nuestro Estado de Derecho y lo convertimos en un Estado muy Estrecho en lo que respecta a valores tales como la libertad, la igualdad y la fraternidad (humanas y no francesas, por cierto). Esto por un lado. Por el otro, no es cierto que si vamos a “sus” países nos imponen ponernos el velo, ¿de qué países está hablando? Solamente existen dos países que lo imponen: Arabia Saudí e Irán, y en España a penas hay inmigrantes de ambos países. Y en el caso de los primeros, son muy bienvenidos, no porque amamos el intercambio cultural, sino por sus extravagantes propinas, que sería más apropiado que las empleasen para ayudar a su población a salir de la pobreza.
Hay mucha diversidad entre los musulmanes en España, pero existe un gran número procedente de Marruecos y que yo sepa en Marruecos los españoles tenemos sendos negocios que van desde los chiringuitos en los que servimos cócteles y cervezas de todo tipo hasta inmobiliarias y allí a nadie se le obliga ponerse un pañuelo, ni siquiera a las propias mujeres marroquíes.
Sigamos con el debate. La misma invitada que sugirió que se permitiera a las jóvenes ponerse el hiyab tras la mayoría de edad, pero no en el mundo laboral, comentó que en “la cultura de estos inmigrantes” no hay separación entre la religión y el estado, mientras que en la “nuestra” sí, por tanto somos incompatibles y no nos podemos entender. Otro gran error. Se da un gigantesco y ciego salto entre un caso particular para dar paso a una generalización espectacular que se aplica a todas las personas de confesión musulmana. Es más, para justificar “su” actitud, en lugar de recurrir a factores humanos y sociales, recurrimos a algo abstracto llamado “Islam”. La cuestión es, ¿cuando queremos explicar cualquier otra realidad atendemos a si son ateos, budistas, judíos, católicos o protestantes? Rotundamente no. Pero si son personas musulmanas, nos olvidamos de que son personas y nos obsesionamos con que son musulmanas y cualquier actitud o comportamiento, hasta el ejercicio de la respiración, tan común a todos los seres humanos, lo queremos explicar con la religión que profesan.
A medida que iba avanzando el debate, las invitadas leían testimonios sacados de Internet: “cuando le llegue la regla a mi hija le impondré el hiyab”, “la mujer debe estar sometida al varón”, las típicas frases de personas de confesión musulmana que las circunstancias de sus vidas les han impedido poder profundizar y reflexionar en su religión y descubrir que ambas posturas son claramente contrarias a la religión que profesan.
¿Por qué se considera a cualquier musulmán o musulmana portavoz y representante del Islam? ¿A caso ser budista, católico, protestante o judío es licencia suficiente para ser teólogo del budismo, del catolicismo, del protestantismo o del judaísmo? Ser practicante de una religión o compartir una ideología no convierte a esa persona, ni mucho menos a todo lo que diga, en sinónimo de la teoría de la religión o ideología que profese. Si una mujer musulmana dice que va imponer el hiyab a su hija, cuando ésta tenga la regla, no quiere decir que el Islam lo diga. Y lo que diga esa señora la representa solamente a ella y por tanto las críticas que tengamos que hacerle tienen que dirigirse a ella como persona y no a la religión que profesa. A esta señora habrá que explicarle que una vez que el hiyab se impone pierde su esencia y que precisamente consiste en todo lo contrario: en que una persona lo utilice por libertad propia. El uso del hiyab no depende de si la joven tiene o no la regla, sino de si la joven se siente preparada para salir a la calle todos los días y enfrentarse a una sociedad que la va a acosar continuamente con miradas de odio, compasión y miedo. Y en algunos casos también llegarán a insultarla algunos de los transeúntes en la calle o en el transporte público, a perseguirla los hombres y mujeres de seguridad de las tiendas, a estar reacios a atenderlas los dependientes de los comercios como lo hacen con el resto de sus clientes, a escuchar murmullos a sus espaldas mientras pasean por el barrio...(y todo esto ocurre siempre con el triple de frecuencia cuando los medios de comunicación tratan el tema del hiyab con tertulianos cargados de odio hacia todo aquello que tiene que ver con el Islam).
Precisamente por todo esto, nadie puede imponer el hiyab a su hija, porque se tendrá que enfrentar sola a todas estas situaciones y por ello es una decisión que tiene que tomar ella sola, exactamente como le dijo la Reina Blanca a Alicia en el País de las Maravillas cuando tenía que enfrentarse al “galimatazo”.
Mi otra pregunta es: ¿por qué cuándo buscan en Internet solamente encuentran éstas típicas frases? ¿Están los resultados de sus búsquedas filtradas para que no tengan constancia de la cantidad de entrevistas a jóvenes españolas, musulmanas, diplomadas en óptica y optometría, licenciadas en pedagogía, en medicina, en ciencias políticas, en diferentes ingenierías, en derecho, en psicología, en farmacia, en odontología, en magisterio… que ofrecen argumentos y reflexiones de gran valor humano y hasta político y social? ¿Es lícito, que en el siglo XXI se haga un debate sobre el hiyab sin una mujer musulmana con hiyab y otra mujer musulmana sin hiyab? En mi opinión, a estas alturas, se puede incluso calificar de vergonzoso. ¿A caso no hay mujeres musulmanas con y sin hiyab tan capacitadas como las invitadas para formar parte de un debate en el que aporten sus opiniones sobre los diversos temas de actualidad y no solamente el del hiyab? ¿Aún pensamos que las mujeres musulmanas con hiyab solamente se dedican al ámbito de la limpieza? Por cierto, un ámbito que merece todo el respeto y el valor del mundo, pero resulta que también hay mujeres españolas musulmanas con hiyab abogadas, ingenieras y médicos. ¿Hay que sacar un decreto que prohíba usar el hiyab mientras se ejerce el trabajo de la limpieza o ese ámbito se considera el adecuado por naturaleza para las mujeres musulmanas con hiyab tanto en los países de mayoría musulmana y habla árabe como en el resto de países del mundo?

sábado, 22 de mayo de 2010

La maquinaria de construcción simbólica del otro


El marco de visibilización de la alteridad
En la actualidad el desafío es “pasar de la tolerancia a la solidaridad, que no sólo acepta que la gente puede ser diferente, sino que sostiene que la diferencia es algo bueno, que del contacto se aprende y todos salimos enriquecidos”, señala Zygmunt Bauman [1].
Tal consideración tiene como contexto la multiplicación en la Unión Europea, en particular, pero no únicamente, de políticas restrictivas en materia de inmigración (proyectos jurídicos de admisión selectiva de extranjeros, planes de expulsión de indocumentados, etc.) y crecientes manifestaciones, públicas y masivas, de racismo.
El marco jurídico emergente limita la libre circulación de los flujos migratorios y tiene un correlato, a la vez que una base de justificación, en la construcción discursiva de la inmigración y las relaciones interculturales en términos de problemática social y confrontación cultural.
En este proceso de configuración del “problema de la inmigración” es fundamental el contexto de legitimación, propio de un estado de excepción, que representa para estas prácticas la denominada “guerra contra el terrorismo”.
La guerra justifica las políticas restrictivas de derechos y libertades civiles y requiere la construcción imaginaria de la amenaza del “otro”, del enemigo.
La elaboración simbólica del adversario implica la producción de una imagen estereotipada y un rótulo lingüístico para referirlo.
Manuel Baeza considera que en el contexto de situaciones bélicas, en las que la estigmatización del enemigo es un ingrediente fundamental de la motivación beligerante, los estereotipos se construyen en base a la manipulación y la ideología [2].
En este sentido, el actual discurso político antiterrorista hegemónico –es decir, el de la administración estadounidense- es cuestionado, como señala Carlos Floria, por estar “marcado por altos niveles de engaño, autoengaño, simplificación condescendiente y manipulación agresiva, exacerbado por la inyección de un lenguaje religioso ideologizado por lo que se llama la “derecha cristiana” [3].
El campo del discurso político aparece, en este marco, caracterizado por simplificaciones oposicionales entre positivo y negativo; generalizaciones excesivas y erróneas; y manipulación ideológica del lenguaje religioso que opone el bien contra el mal.
Es por este estado de situación que se justifica la problematización y el estudio de algunas categorías que aparecen como dadas e indiscutibles.
Las categorías “terrorismo islámico” y “fundamentalismo islámico”, por ejemplo, cuyo uso aparece naturalizado en el discurso político y mediático, entre otros, demandan un abordaje que examine sus características sin perder de vista las condiciones de posibilidad para su formación y las consecuencias de su uso. Análisis que aquí se propone desde una perspectiva de compromiso crítico contra la reproducción del orientalismo [4] y los supuestos que sustenta la tesis del “choque de civilizaciones” [5].
Categorización y estereotipos
Gordon Allport (1962) define el “proceso de categorización” como una necesidad de la mente humana para ordenar y clasificar la experiencia, asegurando el mantenimiento de la simplicidad en la percepción y en el juicio.
Según Allport, las categorías constituyen generalizaciones con las siguientes características: 1. construyen clases y agrupamientos amplios para guiar nuestros ajustes diarios; 2. tienden a la simplificación siguiendo un principio del menor esfuerzo; 3. permiten identificar rápidamente a un objeto por sus rasgos comunes; 4. saturan todo lo que contienen con iguales connotaciones ideacionales y emocionales; 5. pueden ser más o menos racionales, según su respaldo en la experiencia directa o evidencia objetiva (cfr. 1962:35).
Por otra parte, el estereotipo es “una creencia exagerada que está asociada a una categoría. Su función es justificar (racionalizar) nuestra conducta en relación con esa categoría” (cfr. Allport, 1962: 215).
Un estereotipo negativo sobre un grupo social configura una disposición mental determinada que prescribe las modalidades de percepción y actitudes posibles hacia ese grupo.
En este sentido, aquí se parte de la premisa de que los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, junto a la sucesión de acciones posteriores inscriptas en el marco de la “guerra contra el terrorismo”, habilitaron un escenario favorable para la reproducción y (re)actualización del discurso orientalista (su lexicografía, sus idées recues y estereotipos).
Edward Said (1990) señaló que en la fase reciente del orientalismo, desde las guerras arabo-israelí posterior a la II Guerra Mundial, la cultura popular americana y el discurso político, científico y de los negocios, representan una figura estereotipada del árabe musulmán.
“En los resúmenes de actualidad y en las fotografías de prensa, los árabes aparecen siempre en grandes cantidades, sin ninguna individualidad, ninguna característica o experiencia personal. La mayoría de las imágenes representan el alcance y la miseria de la masa o sus gestos irracionales (y de ahí desesperadamente excéntricos). Detrás de todas estas imágenes está la amenaza de la "Yihad"; y su consecuencia inmediata es el temor a que los musulmanes (o árabes) invadan el mundo” (cfr. Said, 1990:338).
Asimismo, la “guerra contra el terrorismo” generó las condiciones necesarias para la legitimación en la opinión pública de discursos que predican un choque de culturas entre Occidente y Oriente.
Sin embargo, como señalan Tokatlian y Derghougassian (2006), “no existe una condición natural e inevitable que conduzca a un choque entre civilizaciones. Esa pugna es lo que las sociedades y los Estados quieren que sea; esto es, la colisión entre culturas se construye social, histórica y políticamente”.
En otras palabras, según el Secretario General del Centro Islámico de la República Argentina, Omar Abboud, “la cuestión del choque cultural sólo puede prosperar si se alimenta, si se lo busca. De lo contrario, si se supone cultura de ambos lados, tiene que haber un marco de relación” [6].
El marco de relación y comunicación intercultural es fundamental para emprender el desafío de “pasar de la tolerancia a la solidaridad”.
“Las personas que permanecen separadas cuentan con pocos canales de comunicación. Exageran fácilmente el grado de diferencia entre los grupos y pronto cunde una interpretación errónea acerca de los fundamentos de esa diferencia. Por fin, y esto es quizá lo más importante de todo, la separación puede determinar genuinos conflictos de intereses, así como muchos conflictos imaginarios” (cfr. Allport, 1962:34).
Un problema de este orden es detectado por Said (2001) al analizar las diferencias entre los discursos de los medios de comunicación y representantes políticos israelíes y los de sus homólogos norteamericanos, respecto de la cuestión de Palestina.
En el discurso sionista norteamericano, señala Said, “lo que emerge es muy a menudo una mezcla aterradora de violencia indirecta contra los árabes y un miedo y odio profundo contra ellos, que es el resultado, a diferencia de lo que sucede con los judíos israelíes, de no tener un contacto prolongado con ellos. Para el sionista norteamericano, por ello, los árabes no son seres reales, sino fantasías de casi todo lo que puede ser demonizado y despreciado, muy especialmente el terrorismo y el antisemitismo” (cfr. 2001).
En este contexto, de un estado de excepción a escala global y un escenario de incomunicación intercultural, que responde a estrategias políticas planificadas –como señala Paul Virilio, “el miedo y el pánico son los grandes argumentos de la política moderna” [7]-, encuentran legitimidad categorías tales como “terrorismo islámico” y “fundamentalismo islámico”.
Además, establecidas las condiciones para que determinados discursos sean posibles de ser enunciados sin correr el riesgo de la censura o la condena social, no sorprende la publicación en un determinado momento, en varios medios de prensa europeos, de caricaturas del profeta Muhammad (PyB) con una bomba sobre su cabeza.
La caricaturización a partir de determinados rasgos estereotipados (re) actualiza la creencia de que “todos los musulmanes son terroristas”.
Al mismo tiempo, contribuye a acentuar la imagen estereotipada, por un lado, por las propias características de la caricatura: una representación gráfica exagerada de determinados rasgos de una persona, grupo o institución con la finalidad de producir, desde el humor o la sátira, un efecto grotesco y ridiculizante. Y que, en este caso, representa una provocación en el plano religioso y cultural.
Por otra parte, porque ya que no se trata de una carga valorativa sobre una organización particular –la red terrorista Al Qaeda, perseguida y debilitada- o sobre los musulmanes y árabes en general - esas “masas irracionales” que la liberación y democratización occidental civilizaría-, sino que recae en una figura a la vez singular y universal.
El profeta Muhammad es, en sí mismo, sagrado y modelo de hombre universal del imaginario islámico.
La caricatura actúa como sinécdoque, y hace extensivos algunos atributos definitorios de determinados grupos minoritarios de acción política-militar hacia la figura del profeta, donde esos atributos no se sostienen sino por la imaginación o la fantasía beligerante del caricaturista.
Un proceso similar tiene lugar a partir de las categorías: Al Qaeda y otras organizaciones que practican el terrorismo se reconocen islámicas, entonces, desde de distintos discursos se construye la categoría “terrorismo islámico” (primera generalización), y esta será la base de la generalización excesiva y errónea de que “todos los musulmanes son terroristas”.
Pero la propia categoría “terrorismo islámico” tiene una dimensión evaluativa que aparece naturalizada. El juicio de valor que carga tácitamente este rótulo no es problematizado porque, según se argumenta, este terrorismo “se identifica así mismo como islámico (y cuyo islamismo no es desmentido)” (Beatriz Sarlo, 2006).
En el mismo sentido, Bernard Lewis argumenta que “la mayoría de los musulmanes no son fundamentalistas, y la mayoría de los fundamentalistas no son terroristas, pero la mayoría de los terroristas actuales son musulmanes y se identifican orgullosamente como tales” (2003:153).
Pese a esto, la dimensión evaluativa de esta categoría puede interpretarse a partir de indagar sobre el contexto social de su uso.
La etiqueta de “terrorista” posiciona al “otro” como desviado de la norma, de los valores socialmente aceptados. Y en un contexto de estado de excepción, con alto grado de sugestión colectiva, el símbolo verbal despierta por sí solo un sentimiento de temor y la idea de amenaza. Así, el símbolo adquiere cierto realismo verbal.
Además, el realismo se ve reforzado por el hecho de que el rótulo concierne a un colectivo crecientemente visibilizado: musulmanes y árabes, casi siempre apelados indiferenciadamente.
¿Por qué la generalización, “terrorismo islámico”, y no la individualización, Al Qaeda, Jihad Islamica, Hezbollah, Yama Islamiya? ¿Por qué “terrorismo islámico” y no organizaciones político-militares que se identifican como islámicas (incluso en términos estratégicos)?
A partir de algunos atributos definitorios de determinadas organizaciones –perfectamente individualizables– la categorización simplifica y generaliza.
Esta es la base de una generalización excesiva y errónea que implica que el Islam es representado como constitutivamente “terrorista”, careciendo de fundamentos verificables en los hechos.
Simultáneamente, por cuanto otra de las categorías erróneas en el discurso occidental, según Bruce Lawrence, es la de “identificar árabe y musulmán como si fueran intercambiables”, aunque “no todos los árabes son musulmanes y no todos los musulmanes son árabes” [8], la suma de generalizaciones connota acentuación del problema.
Los árabes, cualquiera sea su creencia religiosa, resultan alcanzados por el estereotipo.
Además, la acentuación, es decir, la impresión de extensión o ramificación global del problema, se produce por la concurrencia de otros recursos que implican generalización.
La definición extensiva del concepto de terrorismo, por ejemplo, permite al enunciador incluir dentro de esta categoría a distintas organizaciones y grupos sociales según determinados intereses políticos e ideológicos (Morales, 2004).
Asimismo, la generalización respecto de la identidad de las víctimas de los ataques amplifica la sensación de peligrosidad y de amenaza universal que significa el terrorismo (Morales, 2005a).
En este marco, “la cantidad de hechos que pueden ser considerados por el Estado como actos terroristas se amplía; la identidad de los terroristas se hace lo suficientemente difusa como para que cualquiera pueda convertirse en uno de ‘ellos’; y todos ‘nosotros’ somos potenciales víctimas del terror” (Morales, 2005b).
Hiperexotización
Problematizadas en tanto generalizaciones con una carga valorativa naturalizada y expuestas las consecuencias de su uso, las categorías “terrorismo islámico” y “fundamentalismo islámico” pueden ser analizadas, además, en el marco de la práctica social de alterización que Corina Courtis (2000) denomina “hiperexotización”.
Se trata de un mecanismo que “consiste en la focalización y sobredimensión de la diferencia, entendida en términos de exotismo, por lo general negativo” (cfr. 2000:53). De tal modo que la “otredad” queda ubicada en una posición de extrema distancia cultural respecto de “nosotros”.
En este sentido, la construcción de una distancia extrema puede detectarse en los discursos que oponen la “civilización occidental” a la “barbarie del terrorismo islámico”.
El rótulo de “terroristas” endosado a “ellos” manifiesta una diferencia extrema respecto de los valores civilizados reconocidos en “nosotros”.
La violencia es imputable por igual a la estrategia político-militar de algunas organizaciones que se confiesan islámicas y a la política exterior de algunos Estados que se autoproclaman antiterroristas. Pero es codificada, en el caso de que su recurso quede en manos de los primeros, con la categoría, sensiblemente más repudiable, de terrorismo.
Decir que determinados discursos buscan crear una imagen -el Islam como constitutivamente “violento”- es hacer una concesión analítica. En la medida que “nuestro” imaginario percibe la práctica del terrorismo como inhumana, incivilizada y ajena a los parámetros jurídicos e institucionales considerados legítimos, los rótulos de “violento” y “terrorista” no son intercambiables.
En el contexto actual la advertencia es “o están con nosotros o con los terroristas” [9]. El discurso demarca el deber hacer y el deber ser. “Esta será una lucha monumental entre el bien y el mal, pero el bien prevalecerá” [10].
Héctor Saint Pierre (2003) señala que una de las dificultades, apuntada por varios autores, para definir con claridad el concepto de “terrorismo”, es que a lo largo de la historia esa palabra se ha usado con un sentido peyorativo.
“La aplicación de la palabra “terrorismo” viene siempre acompañada de un juicio de valor y por tanto subjetivo. El grupo que para algunos es terrorista, para otros podrá estar formado por guerrilleros de la libertad. En general, el terrorista es siempre el “otro” (cfr. 2003:53).
La polarización de las diferencias es una condición necesaria en este proceso de configuración del “otro”, de ahí el mecanismo de focalización en la aludida “esencia” terrorista y maligna del adversario.
En la oposición extrema se configura el exotismo de “ellos”. De un lado, la modernidad, la civilización, la democracia, la libertad, la racionalidad, el progreso y el bien; del otro lado, el fundamentalismo religioso, la barbarie, el terrorismo, el odio, el resentimiento, la destrucción y el mal.
Las simplificaciones polarizantes no sólo sobredimensionan, sino que proyectan diferencias sin fundamento real. Se forman, en buena medida, sobre la base de proyecciones emocionales propiciadas desde las manipulaciones ideológicas del discurso hegemónico en el marco de la guerra antiterrorista, y contribuyen a intensificar la percepción de choque cultural.
La reproducción del orientalismo
La categorización, necesaria para el proceso cognitivo de clasificación de la experiencia, implica una práctica de simplificación y generalización que se constituye en una condición de posibilidad para la formación de estereotipos.
En este caso, el estereotipo negativo implica una creencia errónea acerca del Islam, los musulmanes y árabes.
Pero, además, las categorías que asocian el Islam al “terrorismo” y el “fundamentalismo” posicionan a los musulmanes y árabes en una relación de extrema distancia cultural respecto de la “civilización” occidental.
Esta práctica discursiva de alterización (re) actualiza los cánones separatistas del discurso-poder de Occidente sobre Oriente y confiere a “ellos” un exotismo cultural de carácter negativo. Es decir, la hiperexotización viene a generar condiciones de reproducción para el discurso orientalista.
Estos mecanismos de construcción de alteridad –complementarios, encadenados, desplegados en simultáneo- deben examinarse en relación con el marco político, cultural, histórico, de su ejercicio. En el contexto de un estado de excepción a escala global, producto de políticas insertas en el marco de la “guerra contra el terrorismo”; y un escenario de incomunicación intercultural, fundamentado y promovido, en parte, por el andamiaje teórico-ideológico de los eruditos del “choque de civilizaciones” y por las políticas de planificación antiterrorista -para las que los primeros son un instrumento y una base de legitimación-.
Pero hay que señalar que en este contexto también se manifiestan discursos que se definen como contra hegemónicos y denuncian el “terrorismo” del antiterrorismo contemporáneo [11].
Estos discursos oposicionales evidencian que el concepto de terrorismo es una construcción simbólica que condensa creencias ideológicas y se manipula políticamente.
Mientras, la reproducción acrítica de las categorías “terrorismo islámico” y “fundamentalismo islámico”, en distintos discursos, favorece la continuidad del orientalismo y es funcional a los supuestos del choque cultural.
Notas
[1] Véase “Tenemos que pasar de la tolerancia a la solidaridad”. Entrevista realizada por Juana Libedinsky. Diario La Nación, 15 de febrero de 2006, pág. 1, Buenos Aires.
[2] El autor aborda esta cuestión en Los Caminos Invisibles de la Realidad Social. Ensayo de sociología profunda sobre los imaginarios sociales (Ed. Ril, Santiago de Chile, 2000). Citado por Dramisino E., Lorenzotti J. y Rosales M., Los ‘otros’ en los ojos de Clarín y The New York Times. Tesis de Grado, FP y CS, Universidad Nacional de La Plata, 2003.
[3] Véase “El caso del imperio fallido”. Diario La Nación, 1º de marzo de 2006, pág. 19, Buenos Aires.
[4] Edward Said (1990) define al orientalismo como un discurso-poder que materializa la dominación histórica en el plano de las relaciones culturales, materiales e intelectuales del imperialismo europeo, hasta el siglo XIX, y el estadounidense, después de la Segunda Guerra Mundial, sobre Oriente.
[5] Esta tesis fue planteada inicialmente por Bernard Lewis, teórico estadounidense autor de estudios sobre Oriente Próximo, y retomada y popularizada por Samuel P. Huntington, quien sostiene que el choque entre culturas constituirá el conflicto central del siglo XXI, en su libro El choque de civilizaciones (Paidós, 1997). Véanse al respecto los comentarios del propio Huntington en: “El siglo traerá guerras musulmanas”. Entrevista realizada por Josef Joffe. Diario La Vanguardia, 11 de septiembre de 2002, pág. 18. En Internet: www.lavanguardia.es
[6] Véase “Lo sagrado no deja demasiado lugar para la humorada”. Entrevista realizada por Verónica Gago. Revista Debate, año 3, número 153, 16 de febrero de 2006, pág. 22.
[7] Véase “Paul Virilio y la política del miedo”. Entrevista realizada por Pablo Rodríguez. Revista de cultura Ñ, Ano II, número 78, 26 de marzo de 2005, pág. 6.
[8] Véase “El Islam más allá de los mitos y aprensiones de Occidente”. Entrevista realizada por Luis Pino. Diario El Mercurio, 8 de octubre de 2001, Santiago de Chile.
[9] Véase “Bush promete utilizar todas las armas para barrer al terrorismo”. Diario El Día, 21 de septiembre de 2001, pág. 3, La Plata.
[10] Véase “Para Bush, el ataque es un “acto de guerra” y ya planifica represalias”. Diario El Día, 13 de septiembre de 2001, pág. 2, La Plata.
[11] Por ejemplo, los presidentes de Cuba y de Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez respectivamente, asocian el “terrorismo” con prácticas políticas de la administración estadounidense de George Bush, según sus propios preceptos ideológicos y estrategias de construcción imaginaria de la identidad nacional y del “enemigo imperialista”.
Bibliografía
ALLPORT, Gordon W. (1962): La naturaleza del prejuicio. Eudeba, Buenos Aires.
Courtis, Corina (2000): Construcción de Alteridad. Discursos cotidianos sobre la inmigración coreana en Buenos Aires. Eudeba, Buenos Aires.
Lewis, Bernard (2003): La crisis del Islam. Guerra santa y terrorismo. Ediciones B, Barcelona.
Morales, Orlando G. (2004): Representación del mundo islámico y estrategias geopolíticas de Occidente en la prensa de América Latina. 11 de septiembre de 2002. Tesis de Grado, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata.
Morales, Orlando G. (2005a): “11-S, 11-M, 7-J: atentados. Los editoriales del día después en la prensa nacional”. En: Revista Question, volumen 7, 12 de septiembre, Sección Informes de Investigación. En: www.perio.unlp.edu.ar/question
Morales, Orlando G. (2005b): “Nosotros, los otros y ellos. Estrategias discursivas para la construcción de representaciones sociales en la prensa”. Ponencia presentada a la VI Reunión de Antropología del MERCOSUR, 16, 17 y 18 de noviembre de 2005, Montevideo, Uruguay.
Said, Edward W. (1990): Orientalismo. Libertarias, Madrid.
Said, Edward W. (2001): “El Sionismo en los Estados Unidos”. En: revista electrónica Web Islam, número 118, 9 de marzo de 2001.
Saint Pierre, Héctor L. (2003): “¿Guerra de todos contra quién? La necesidad de definir terrorismo”. En: López, Ernesto (comp.): Escritos sobre terrorismo. Prometeo, Buenos Aires.
Sarlo, Beatriz (2006): “Libertad de prensa y violencia”. En: revista Debate, año 3, número 153, 16 de febrero de 2006, pág. 18.
Tokatlian, Juan G. y Derghougassian, Khatchik (2006): “Viñetas de ira”. En: revista Debate, año 3, número 153, 16 de febrero de 2006, pág. 25.

Orlando Gabriel Morales es titualr de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina)
gmorales@perio.unlp.edu.ar

miércoles, 14 de abril de 2010

Carta a Silvio Rodríguez

Carlos Alberto Montaner Madrid, 13 de abril de 2010 Estimado Silvio Rodríguez: Celebro que mantengamos este intercambio epistolar. No creo, como afirmó el profesor Emilio Ichikawa con humor, que es un diálogo imposible porque yo no canto y tú no piensas. Es verdad que yo no canto, pero es evidente que tú piensas. Sé que para ti esta polémica tiene un costo en fricciones y presiones. Conozco el paño. Pero esto sí va siendo una batalla de ideas y no esos aburridos monólogos propagandísticos a que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación cubanos. Ya les he pedido a todos los websites a los que estoy vinculado y con los que tengo buenas relaciones que reproduzcan tus textos completos. Si entras en www.carlosalbertomontaner.com o en www.firmaspress.com podrás confirmarlo. Les he solicitado a los diarios que publican mi columna que no olviden incluir tus escritos. Espero que tú hagas lo mismo con Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores y el resto de los sitios de Internet vinculados al régimen cubano y a su aparato de información. Silvio: Como te veo tan firme en tu deseo de comunicar tus ideas y de informarte sin obstáculos ni censuras, creo que debes pedir pública y enérgicamente esos mismos derechos para el resto de nuestros compatriotas. Eso es lo honorable. Debes encabezar esa protesta para que Yoani y los periodistas independientes puedan divulgar sus textos sin ser encarcelados, golpeados o amenazados por la policía. Tras leer lo que escribes, estoy seguro de que te parece repugnante que la policía política se dedique a impedir que los cubanos oigan estaciones de onda corta, vean por cable los canales de la televisión extranjera y se vinculen a Internet. No es justo que sólo tú, Amaury Pérez y otros pocos privilegiados tengan acceso a esas fuentes de información. Eso debes denunciarlo. Es un escandaloso agravio comparativo. Silvio: Por supuesto, es importante –luego explico por qué— que conozcas las críticas de José Martí a Marx y al socialismo. Cuando murió el pensador alemán en 1883, Martí, que no ignoraba su obra, escribió una frase perfecta para precisar su juicio crítico: “Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. Es decir, Martí, como cualquier persona compasiva, admiraba las intenciones de Marx, pero como cualquier persona sensata y conocedora de la naturaleza humana, censuraba sus métodos violentos. Razonamiento que reitera años más tarde en una carta a su amigo Fermín Valdés Domínguez: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en los que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…”. Silvio: Como has dedicado una de tus más bellas canciones al Mayor General Ignacio Agramonte, tan admirado por Martí, el gran héroe militar y civil de la Guerra de 1868, te transcribo un párrafo de lo que Agramonte, y probablemente muchos de los jefes insurrectos más educados, pensaban del centralismo y del comunismo: “La centralización hace desaparecer ese individualismo, cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas”. Hay otros pasajes muy reveladores que muestran el rechazo del Apóstol al colectivismo (como la reseña que Martí le hace a La futura esclavitud de Herbert Spencer), pero a estas alturas discutir lo que Martí pensaba de Marx y del socialismo sería un ejercicio académico casi inútil, si no fuera porque Fidel Castro ha montado la legitimación histórica de su dictadura sobre la falsificación del pensamiento de Martí. Silvio: El absurdo silogismo que Fidel les ha impuesto a los cubanos, y que espero que tú, como persona inteligente, no suscribas, tiene la siguiente secuencia: la revolución tomó el curso marxista porque ésa, o muy cercana a ésa, era la ideología de Martí; quienes gobernaron la República, entre 1902 y 1958, traicionaron el ideario martiano; los revolucionarios que derrotaron a Fulgencio Batista, y desde entonces controlan el país, son los verdaderos herederos del espíritu de Martí y de los mambises que pelearon contra España por la independencia. El colofón de esta disparatada fantasía histórica, absolutamente alejada de la verdad, es que la autoridad moral para mandar a los cubanos la tiene Fidel Castro con carácter permanente porque él es el descendiente directo de Martí, una figura por la que los cubanos tenemos una devoción especial, ergo su estirpe moral, la de Fidel, es la de los luchadores independentistas del siglo XIX. Silvio: No es cierto: las raíces del régimen cubano están en las supersticiones del marxismo-leninismo, en el modelo de gobierno calcado de la Unión Soviética, y en las prácticas de control político aprendidas del KGB. Martí, que era un demócrata liberal convencido de las virtudes republicanas, creyente en la existencia de los derechos naturales, no tiene la menor responsabilidad en este engendro. Fueron Fidel, Raúl y el Che los que traicionaron un movimiento insurreccional que prometía elecciones democráticas, libertades y la vuelta a la Constitución de 1940. Lejos de venir de Martí, la dictadura de los Castro traicionó el ideario martiano. ¿Recuerdas cuando Fidel, al principio, juraba una y otra vez que ni él ni la Revolución eran comunistas? Silvio: Es verdad que muchos cubanos no tenían casa propia. La nuestra, la que visitaba Fidel para conversar con mi padre, su amigo, en la calle Tejadillo, y a donde alguna vez acudió junto a mi tío Pepe Jesús Ginjaume Montaner, jefe de Fidel en la violenta organización llamada Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), también era alquilada. ¿Y qué? Celebro que hayas podido comprar una casa con el fruto de tus éxitos. Pero, ¿la puedes vender? ¿Puedes disponer de ella como en los países libres disponemos de las propiedades? Si es así, gozas de un raro privilegio. En cambio, si te sucede como al resto de los cubanos, no has comprado una casa, sino el precario derecho a usar una vivienda en las condiciones que el gobierno dispone. Cuba, además, debe ser el único país de Occidente en el que un buen profesional, trabajador, prudente y ahorrativo, no puede adquirir propiedades con el fruto de su esfuerzo porque el gobierno lo impide. No todos tienen tu suerte. Silvio: Los cubanos quieren tener propiedades realmente. Quieren poder venderlas y comprarlas sin que el Estado los persiga. Quieren abrir sus propios negocios, como hacen los extranjeros. Quieren retomar el control de sus vidas, secuestradas por los burócratas del Partido bajo la vigilancia de la policía política. Quieren generar riqueza y disfrutarla. ¿Por qué los jugadores de béisbol o los boxeadores no pueden explotar su talento en el extranjero en su propio beneficio sin ser tratados como traidores por el gobierno? ¿Por qué para poder vivir bien tienen que arriesgarse a navegar en una balsa hasta la Florida o “desertar” en un viaje al extranjero? ¿Cómo se puede defender un régimen que declara que el cerebro de la Dra. Hilda Molina (entre mil ejemplos) le pertenece a la revolución y la deja retenida en Cuba durante más de una década sin poder usar ni su cerebro ni sus hábiles manos de neurocirujana? ¿No te resulta eso un atropello abominable contra el derecho de las personas a definir y buscar su propia felicidad? Silvio: Supongo que una parte importante de tus ingresos deriva de los dólares o euros que recibes en calidad de derechos de autor. Eso me parece muy bien, pero ¿qué pasa con ese 99.99% de cubanos a los que solamente les pagan en pesos? Oficialmente, el peso y el CUC, que es la divisa convertible cubana, valen aproximadamente lo mismo. El salario promedio de los cubanos es de unos 300 pesos. Sin embargo, en el mercado paralelo, que es oficial y es el de verdad, el que cuenta, el cambio es de 20 a 1. Los cubanos ganan, realmente, unos cincuenta centavos de dólar al día. Es la estafa perfecta, Silvio. El gobierno, como los peores tahúres, maneja dos monedas: a los obreros cubanos les pagan por su trabajo con la moneda mala, pero les venden los productos apetecibles en la buena. Silvio: Dices que has señalado lo que te parece criticable del proceso. No me consta. Ojalá. Como soy admirador de tu obra conozco varias de tus canciones, pero no todas. No sé si alguna vez alzaste tu voz en el parlamento contra la represión y la censura, o si escribiste alguna canción en defensa del proletariado esquilmado y sin derechos, pero, si ocurrió, yo no tuve noticias. Ignoro si alguna vez te inspiraste en los miles de balseros ahogados tratando de alcanzar la libertad. No recuerdo una sola línea tuya en defensa de los héroes de la revolución fusilados o encarcelados por la dictadura. Ojalá existan esos testimonios. Silvio: No estoy hablando de los militares de Batista, que fueron, por cierto, condenados a muerte o a largas penas en juicios sumarios sin garantías, sino de Huber Matos, Comandante de la Revolución, que pasó 20 años en la cárcel por escribirle a Fidel una carta privada en la que renunciaba al Ejército Rebelde por no estar de acuerdo con el comunismo. Me refiero a Mario Chanes, que acompañó a Fidel y a Raúl en el asalto al Moncada y luego en la expedición del Granma, y cumplió 30 años de presidio injusto. Me refiero a los cientos de dirigentes y militantes de la revolución a los que la dictadura mató o trituró en las cárceles. Supongo, Silvio, en que concuerdas conmigo en que esa crueldad era criticable. ¿La denunciaste? Silvio: Afirmas que no te molesta padecer un “gobierno de ancianos” y me adviertes que yo también formé mis juicios morales, mi percepción de la realidad y de los conflictos sociales hace medio siglo. Pero hay una diferencia, Silvio: el rasgo más evidente y lamentable de los hermanos Castro es la incapacidad para aprender y cambiar. Estos señores, tras medio siglo de fracasos, y tras haber devastado a Cuba con los caprichos más inverosímiles (desde fabulosas vacas lecheras hasta dulces vaquitas enanas y caseras; desde gallineros domésticos hasta hortalizas hidropónicas en el cuarto de baño), continúan aferrados al disparate del colectivismo como objetivo de la sociedad y al palo y a la represión para alcanzarlo. Silvio: Estos hermanos son incapaces de aprender. Son autistas políticos indiferentes a la realidad. Confunden la terquedad con los principios. ¿No escuchaste a Raúl, muy ufano, decir recientemente que primero desaparecería la Isla antes que cambiar? Y Fidel lo felicitó al día siguiente, lo que era una forma de felicitarse a sí mismo, porque lleva décadas insistiendo en esa barbaridad, como si la vida de millones de compatriotas les importara un rábano. Silvio: Y es que les importa un rábano. ¿Recuerdas –Raúl aludió a aquel episodio muy orgulloso— durante la peligrosísima Crisis de los Misiles de 1962, cuando el mundo estuvo al borde de la destrucción, el mensaje de Fidel a Kruschev pidiéndole que atacara preventivamente a Estados Unidos y desatara la Tercera Guerra mundial, a sabiendas de que en la represalia morirían todos los cubanos? Pero lo terrible no es que entonces aquellos jóvenes desbordantes de testosterona revolucionaria hayan incurrido en esa petición irresponsable y asesina, sino que, medio siglo más tarde, ya ancianos y llenos de nietos, reinciden en la misma imprudencia criminal. Eso es lo grave: no cambian. Silvio: Como me comparas con los Castro, porque también a los 67 años ya soy viejo, te explico la diferencia entre los Castro y la mayor parte de los adultos. El problema no está en la edad. Hay viejos como Adenauer, Churchill, De Gaulle o Reagan que sirvieron a sus países en la ancianidad. Como soy un hombre normal, abierto a las influencias exteriores, siempre dispuesto a aprender de la experiencia y a pedir perdón cuando me he equivocado o a revocar decisiones erróneas, he cambiado mucho a lo largo de mi vida y, creo, para bien. Silvio: Comencé siendo, como tantos cubanitos ignorantes de hace medio siglo, un “revolucionario” radical confiado en que la justicia y el buen gobierno llegarían a mi país de la mano de un grupo de barbudos bienintencionados. Luego, cuando me desengañé, a base de paredón y calabozo, pasé a ser un socialdemócrata confiado en el papel redistribuidor de un estado justiciero. Más tarde, por las lecturas y la experiencia, me transformé en un liberal convencido de la superioridad moral y práctica de las ideas de la libertad para lograr sociedades más prósperas, libres y habitables. En suma, mientras millones de cubanos, y yo entre ellos, hemos cambiado, estos empedernidos hermanos Castro continúan anclados en el lugar de origen, repitiendo e insistiendo en las tonterías que aprendieron en las conversaciones de café cuando eran unos mozalbetes escasamente instruidos. Eso es gravísimo. Silvio: Esa incapacidad para rectificar que tienen estos dos señores (y otros de su entorno) es lo que explica uno de los fenómenos más asombrosos de cuantos ha generado la revolución cubana: el intenso fracaso material que ha provocado. Por primera vez, en los cientos de años que tiene Cuba de historia occidental, tres generaciones sucesivas de cubanos han padecido la extraña experiencia del empobrecimiento progresivo. Mañana siempre es peor que hoy. En Cuba, hasta la llegada de la revolución, la norma era que los padres vivían mejor que los abuelos y los hijos mejor que sus padres. Pero esa tradición terminó cuando estos caballeros tomaron el timón del país y los cubanos aprendieron la amarga lección de que la vida, lejos de mejorar, empeoraba. Hasta Raúl Castro lo ha admitido públicamente, desesperado, cuando manifestó que ni siquiera hay leche para los niños cubanos cuando pasan de los siete años. ¿Te imaginas? Ni un miserable vaso de leche. Silvio: Ese es el gobierno más ineficiente que hemos padecido los cubanos en toda nuestra atormentada historia. La calidad material mínima de cualquier sociedad se mide por seis elementos básicos: la alimentación, la vivienda, la electrificación, el transporte, las comunicaciones y el acceso al agua potable. En los seis, la revolución ha transformado la convivencia en una pesadilla. La comida escasea, está racionada, es muy pobre o es inalcanzable para el sueldo miserable de los trabajadores. Hay un déficit de viviendas que excede al millón de unidades, mientras más de la mitad de los hogares están en condiciones deplorables. Cuando falta el subsidio petrolero de Hugo Chávez, como cuando desapareció el que proporcionaba la URSS, cortan la luz intermitentemente. El acceso a teléfonos o correo es de los peores de América Latina, y no digamos Internet, que se obstruye por razones políticas. Las calles, carreteras y transporte público son un castigo demoniaco contra el pueblo. Los acueductos, infectos y rotos, pierden el 60% del agua disponible y la que llega es poca y esporádica. ¿Si en medio siglo de gestión, sin ninguna obstrucción parlamentaria, lejos de solucionar estos problemas esenciales, ese gobierno, minuciosamente torpe, los ha agravado, quién puede creer que, con el mismo sistema, con los mismos métodos y con la misma gerencia, algún día los resultados van a ser diferentes? Silvio: Celebro que estemos de acuerdo en que hay que abolir la pena de muerte. Pero no es cierto que esa medida cruel se deba al acoso de la CIA. Tú sabes perfectamente que mucho antes de que el gobierno de Estados Unidos intentara derrocar la dictadura comunista, la revolución, desde su inicio mismo, había fusilado a miles de personas. Tú no ignoras que, incluso antes de triunfar, ya los rebeldes fusilaban sin miramientos en la Sierra Maestra. Los Castro no conocen mejor escarmiento ni mejor forma de intimidación que el paredón. Matan, sencillamente, porque para ellos la vida de los otros no vale nada. Ni siquiera la del general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony de la Guardia, sus mejores oficiales. Silvio: He oído antes el argumento de que los demócratas de la oposición carecen del apoyo del pueblo. Lo escuché en la España del franquismo donde, en efecto, el Partido Socialista apenas tenía un centenar de miembros activos antes de la desaparición del Caudillo. Lo escuché en Checoslovaquia, cuando se burlaban de la Carta 77 que encabezó mi admirado Vaclav Havel, porque la oposición contra la dictadura comunista apenas llegaba a dos docenas de valientes. ¿Y qué ocurrió cuando se abrieron los cauces de participación y los oprimidos pudieron decir su verdad? Ocurrió que los demócratas instantáneamente se multiplicaron por millones y los partidos oficialistas se encogieron hasta casi desvanecerse en medio de la vergüenza. Ocurrió que el pueblo pudo estrenar su verdadero rostro y manifestar sus creencias reales. En Cuba no será diferente. Silvio: Tú opinas que en las cárceles cubanas se trata bien a los prisioneros. ¿Qué es para ti encerrar durante años en un calabozo tapiado, sin luz, en medio de alimañas, casi sin alimentos ni agua, a numerosos presos políticos? ¿Qué son para ti las golpizas a las que los someten? Pero más importante que tu opinión o la mía es la de Amnistía Internacional, la de Human Rigths Watch, la de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. ¿Por qué no deja Cuba que una misión imparcial de la Cruz Roja recorra las prisiones y hable sin testigos con los prisioneros? Hay varios libros estremecedores que describen la vida cotidiana en el presidio político cubano de hombres y mujeres: los escribieron, entre otros, Huber Matos, Jorge Valls, Reinol González, Armando Valladares, Alejandro González Raga y Ana Lázara Rodríguez. Son testimonios terribles e irrefutables. Silvio: No te parece honesto que los disidentes y las Damas de Blanco reciban ayuda de otros gobiernos. Sin embargo, sabes que el artículo duodécimo de la Constitución cubana de 1976 dice lo siguiente: “[Cuba] reconoce la legitimidad de las guerras de liberación nacional, así como la resistencia armada a la agresión y a la conquista, y considera su derecho y su deber internacionalista ayudar al agredido y a los pueblos que luchan por su liberación”. Y no ignoras que el régimen cubano ha practicado intensamente ese internacionalismo revolucionario, contribuyendo con adiestramiento, recursos económicos, hombres, armas y explosivos a grupos y movimientos insurreccionales de diversos países del mundo. Silvio: Si crees en ese derecho que el gobierno cubano se arroga a practicar el internacionalismo revolucionario y ayudar a sus aliados y correligionarios, por un mínimo de decoro intelectual admitirás el derecho de los países libres a practicar el internacionalismo democrático y a ayudar a los suyos, aunque en el caso cubano apenas se trate de darles a los disidentes pequeñas computadoras, acceso a Internet, material de lectura, teléfonos celulares, algún dinero para sostener a las familias de los presos políticos y apoyo diplomático, porque hace varias décadas que nadie recurre en Cuba a la violencia política. Te recuerdo, además, lo importante que fue la ayuda de la Internacional Socialista y de las Fundaciones alemanas para el establecimiento de la democracia en España tras la muerte de Franco y en Chile durante el referéndum que le puso fin al gobierno de Pinochet. Esa solidaridad no sólo es muy común: es muy conveniente para la libertad de Cuba. Silvio: Lo decente es que las fuerzas democráticas del mundo libre ayuden a sobrevivir a las Damas de Blanco y a todos los demócratas de la oposición, al menos hasta que se vacíen las cárceles, puedan organizarse públicamente, participen en la vida pública, formen parte del parlamento y defiendan sus ideas sin el riesgo de ser exterminados. Lo natural es ayudar a las víctimas. Al fin y al cabo, el tejido ideológico de estos disidentes es el mismo que encuentras en el Parlamento Europeo y en la arena política de todos los países libres: democristianos, socialdemócratas, liberales y conservadores. Tenderles una mano solidaria a los disidentes perseguidos dentro de Cuba no sólo es legal, es lo moralmente justificable. Silvio: ¿Por qué crees que el Parlamento Europeo condenó al gobierno cubano por 509 votos procedentes de todo el arco democrático contra 30 de los comunistas? Lo hizo por solidaridad con sus pares cubanos. Por supuesto que lo ético es que nos ayuden en esta etapa trágica de nuestra historia. A todas estas fuerzas internacionales, convocadas en nuestro auxilio por la oposición democrática cubana del interior y del exterior, les irrita la burla del gobierno de los Castro, capaz de firmar en la Cumbre iberoamericana de Viña del Mar en 1996 su adhesión a los comportamientos democráticos, para luego pisotear ese compromiso, de la misma manera que más tarde ignoró el acuerdo firmado con la ONU en el 2008 de respetar los derechos humanos. Ya se agotó la paciencia internacional con un régimen que no cumple nada de lo que promete. Silvio: Dices no estar de acuerdo con los actos de repudio, y te creo, pero no es cierto que ocurran porque “otros cubanos”, espontáneamente, se indignan contra personas como las Dama de Blanco y las agreden. Esos actos están orquestados por la policía política y el Partido Comunista, como puede comprobar cualquiera que entre en el blog de penúltimosdías.com y vea el facsímil de la planilla con las instrucciones para los matones de las turbas conocidas como “Brigadas de respuesta rápida”. Deben llevar “palos, cabillas y cables” para golpear a cualquiera que se manifieste. Son operaciones parapoliciacas y ni siquiera son novedosas: en todas las dictaduras comunistas y fascistas han existido variantes de este procedimiento de control social. No me detengo a refutar la equivalencia que haces con las manifestaciones anticastristas de los cubanos de Miami porque me parece una broma. Las diferencias son abismales. Silvio: Y llegamos al tema del bloqueo, tu plato fuerte. Me pides que me manifieste contra el bloqueo. Por supuesto que lo haré. Yo también quiero que se elimine, pero antes tenemos que dejar aclarados varios aspectos de este asunto. En primer término, como los cubanos sabemos muy bien, Estados Unidos es el principal vendedor de alimentos a Cuba, mientras las remesas de los exiliados constituyen una de las primeras fuentes de ingreso de la Isla. Asimismo, Estados Unidos es el único país que alivia las presiones migratorias que sufre el gobierno cubano otorgándole nada menos que 20,000 visas todos los años. En esas condiciones, hablar de un embargo, y mucho menos de un bloqueo, es una exageración. De los siete mil millones de personas que pueblan el planeta, Cuba puede comerciar, y comercia, con seis mil setecientos. De los dos centenares de estados organizados que existen en el mundo, Cuba puede comerciar, y comercia, con 199 que representan el 75% del PIB planetario. Silvio: Ninguna persona informada pone en duda que el desastre económico cubano se debe, fundamentalmente, a la inherente improductividad de los sistemas colectivistas de corte marxista-leninista, sumada, en este caso, a la caprichosa e incompetente gerencia revolucionaria. No es el bloqueo. Como se ha probado hasta la saciedad, el colectivismo autoritario es un modelo económico fallido. Basta con comparar a las dos Corea o las dos Alemania para comprobarlo. Silvio: En todo caso, hay dos maneras de enfrentarse al embargo. Una es puramente propagandística, encaminada a culpar a Estados Unidos del horror de la pobreza cubana, pero sin el deseo real de que sea eliminado. Es en ésa en la que se entretiene el gobierno de La Habana y en la que invierte un notable caudal de recursos y energía. El otro camino, el serio, el de quienes queremos que realmente se levante, es el que te describo a continuación. Silvio: Para levantar el embargo, el gobierno cubano no puede saltarse a la oposición democrática. Tiene que pactar. Es el eficiente lobby de los cubano-americanos y son las hábiles maniobras de los legisladores de este origen lo que mantiene vigente esas medidas en la administración norteamericana. Si la dictadura realmente desea que se levante el embargo, sólo tiene que hacer cuatro concesiones totalmente razonables que le ganarán el aplauso universal: • Amnistiar a los presos políticos. • Concederles a los cubanos el derecho de libre asociación. • Permitirles que se expresen libremente. • Acabar con el embargo interior y dejar que los cubanos libremente entren en Cuba o salgan de ella. Silvio: Me dirás que estás de acuerdo con esas medidas, pero que te parece abusivo que se le exija a Cuba lo que no se le exige a China. A lo que te respondo que las transacciones políticas no se dan en el marco abstracto de la filosofía, sino en el de las realidades, y es una necedad ignorar esta verdad. ¿El gobierno cubano quiere realmente que se levante el embargo o todo lo que pretende es jugar con la propaganda? Silvio: Como consecuencia de la larga dictadura de los Castro, el 20 por ciento de los cubanos han tenido que emigrar a Estados Unidos durante medio siglo y allí han adquirido poder y han aprendido a usarlo, como hacen los judíos con relación a Israel y los afroamericanos con respecto a África. El régimen cubano no ha podido ni podrá vencer ese obstáculo, a menos que decida hablar con su propio pueblo. No es cuestión de dar gritos, insultar a sus oponentes y montar campañas estridentes, sino de conversar con serenidad. Silvio: Lo sensato, para terminar con el embargo y para solucionar los problemas del país, es que gobierno y oposición se sienten de buena fe a hablar civilizadamente con un temario abierto. Estoy seguro de que en un plazo corto una relación de ese tipo rendirá sus frutos, se levantará el embargo y estaremos en el camino de la concordia. Me imagino que muchos reformistas dentro del régimen estarán de acuerdo conmigo y deseosos de que comience cuanto antes ese proceso. Silvio: Te propongo, con la mejor buena fe, que creemos los dos un comité para luchar conjunta y simultáneamente contra el embargo norteamericano, a favor de conceder la amnistía a los presos políticos, a favor de otorgar el derecho a la libertad de asociación y expresión, a favor de que los cubanos puedan entrar y salir libremente de Cuba. Ese comité pudiera ser el comienzo de la reconciliación, la paz y el progreso para nuestro país que los dos deseamos. Conquistemos juntos un futuro mejor para nuestros hijos. Espero tu respuesta con mucho interés. Va un abrazo cívico y cordial, Carlos Alberto Montaner

jueves, 14 de enero de 2010

El problema no son los políticos

Por: Hugo Balderrama
Ahora que paso el proceso electoral, considero conveniente escribir estas líneas. Desde el 6 de Diciembre pasado tenemos un gobierno que tiene un 65% de los votantes a su favor, fenómeno que cayo como balde de agua fría a los opositores que aun sabiendo la derrota esperaban que esta no fuera de semejante magnitud, las razones sobran pretendiendo explicar la paliza electoral, pero la pregunta de fondo es ¿nos encontramos frente a un nuevo escenario político, es este un proceso de cambio legitimo capaz de superar la pobreza en la que viven muchos de nuestros compatriotas? A mi juicio no, lamentablemente el apoyo de nuestros compatriotas al proyecto de masista, solo nos muestra que en el corazón de miles de bolivianos todavía esta presente un sentimiento de afecto a las ideas de las denominadas izquierdas que en el fondo solo son estado manejando vidas y haciendas ajenas.
Todos los que somos amantes de estados reguladores y no patrones, nos preguntamos como es posible que miles de latinoamericanos todavía pongan sus esperanzas en políticos que pregonan un modelo de sociedad que ya fracaso y que principalmente oprimió a una cantidad incontable de seres humanos, ¿cuales son las causas que mantienen encendida la esperanza? Quisiera destacar dos.
En primer término, los privilegios ostentados por elites políticas que consiguieron su fortuna en base a su capacidad de lobby con el poder de turno, empresarios que se hicieron ricos en base a monopolios artificiales otorgados por gobiernos corruptos, que siempre acaban perjudicando a la gente de a pie, el ejemplo mas claro fue Lloyd Aéreo Boliviano que paso de ser una empresa estatal ineficiente a ser un monopolio mucho peor en manos del señor Asbun, con apoyo del gobierno de Sánchez de Lozada, que otorgo una protección legal impidiendo que otras empresas establezcan centro de operaciones en Bolivia.
El segundo y quizás el mas importante es la mentalidad promedio del latinoamericano en general y el boliviano en particular, una tolerancia extrema a la mediocridad, que se refleja en frases como “la hora boliviana”, “el estado no hace nada”, “la alcaldía no limpia la basura” dejando de la lado la responsabilidad individual, considerando que el gobierno es una madre y los individuos sus hijos mas mimados, seres que hacen culpables a otros (USA, neoliberalismo, la colonia) de su propia pobreza, que responsabilizan a los demás de sus propias equivocaciones.
Desde mi posición de educador me repugnan las ideas de algunos mis colegas, que ponen dentro las mentes más jóvenes ideas mendicantes de recibir educación, cultura y demás cosas del estado.
Si lo que queremos es abandonar el lodazal donde nos encontramos es precisamente en esas mentes jóvenes donde tenemos que trabajar. Hagámoslo mostrándoles el valor del trabajo propio, valorando aquellos que inician un emprendimiento que a mi parecer son los verdaderos héroes, enseñándoles que siempre se puede ser mejor, que la carencia de condiciones materiales, debe ser considerada como el principal aliciente del progreso personal. Ejemplo hay muchos: Mozart nunca tuvo las condiciones materiales para ser el maestro de la música, sin embargo, lo fue. Ronaldo no nació millonario, Tevez Jugaba futbol en las canchas del Fuerte Apache en Buenos Aires. ¿Qué esperamos nosotros?
Quiero terminar reproduciendo un cuento de Carlos Kasuga empresario japonés radicado en México:
Había un bosque en el que vivían muchos animalitos. De repente este bosque se empieza a incendiar y todos los animalitos empiezan a huir. Solo hay un gorrioncito que va al río, moja sus alitas, vuela sobre el bosque incendiado y deja caer una gotita de agua, tratando de apagar el incendio. Va al río moja sus alitas, vuela sobre el bosque incendiado y una o dos gotitas de agua deja caer, tratando de apagar el incendio. Pasa un elefante y le grita al gorrioncito: ¡No seas tonto! ¡Huye como todos! ¡No ves que te vas a achicharrar! El gorrioncito voltea y le dice ¡No!, este bosque me ha dado todo, familia, felicidad; me ha dado todo y le tengo tanta lealtad que no me importa que me muera, pero voy a tratar de salvar este bosque. Va al río, moja sus alitas y revolotea sobre el bosque incendiado y deja caer una o dos gotitas de agua. Ante esta actitud Dios se compadece de él y dejan caer una tormenta, y el incendio se apaga. Y este bosque vuelve a reverdecer y a florecer, y todos los animalitos vuelven a regresar y a ser felices, más felices de lo que eran.
Compatriotas de todas las edades, yo comparo este bosque con nuestro país, tal vez estemos en un gran incendio, en una gran crisis política, social, económica y moral; pero yo les pido a ustedes que todos los días dejemos caer una o dos gotitas de sudor y de trabajo. ¡Si así lo hacen!, Dios los bendecirá.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Francisco de Miranda y la crisis actual

No pocas de las cabezas de los movimientos por las independencias decimonónicas latinoamericanas entendían que no se trataba simplemente de cortar amarras con la metrópoli sino que abogaban por la autonomía del individuo. Por eso es que Miranda repetía en su muy frondosa correspondencia que “no buscamos sustituir una tiranía antigua por otra tiranía nueva”. Sus sueños apuntaban a sociedades libres en el sentido más estricto de la expresión. Peleó en el terreno de las ideas y en el militar, en ambos casos con suerte varia y con las oposiciones, intrigas y difamaciones que habitualmente rodean a personas de su talla y estirpe.
Como he dicho antes, resulta muy paradójico que, en la región latinoamericana, los más fervientes partidarios del uso de la escarapela, el canto de himnos y el blandir de banderas a diestra y siniestra son en verdad españolistas en el sentido de adherir a las estructuras monopolistas de las épocas coloniales más truculentas (además de ser acérrimos partidarios de las dictaduras de Primo de Rivera y Franco y enemigos declarados de las Cortes de Cádiz y su Constitución liberal de 1812). En tierras sudamericanas son los partidarios de la intromisión de los aparatos estatales en los negocios privados. No se sabe que quieren significar con sus alardes de patrioterismos puesto que suscriben políticas que en la práctica, tal como explicaba el gran Juan Bautista Alberdi, convierten a los pueblos en colonos de sus propios gobiernos y se oponen al liberalismo, lo cual revela que no entendieron la columna vertebral de los movimientos que abogaban por la independencia.
Francisco de Miranda constituye uno de los ejemplos más claros del espíritu de emancipación latinoamericana y denuncia en su célebre proclama en Caracas, en 1806, que “la inconcebible ineptitud, inauditas crueldades y persecuciones atroces del gobierno español hacia los incautos e infelices habitantes del nuevo mundo desde el momento casi de su descubrimiento”.
Este personaje recorrió Estados Unidos, Europa y Rusia, y mantuvo asiduos contactos personales y epistolares con Thomas Paine, James Madison, Thomas Jefferson, Jeremmy Bentham, John Stuart Mill, Edward Gibbon y había leído a los autores de la Escuela Escocesa (especialmente Hume y Adam Smith), a Locke, Montesquieu y Voltaire. Además de su lengua nativa, hablaba y leía con fluidez italiano, francés, inglés y ruso (traducía del latín y del griego). Participó no solo en las luchas latinoamericanas sino -igual que Lafayette- en la Revolución Norteamericana y en la Revolución Francesa hasta la contrarrevolución y el reino del terror lo puso preso por un tiempo; su nombre está grabado en el Arco de Triunfo.
Sus biógrafos más conocidos -Karen Raice, William S. Robertson, Joseph F. Toring y Vicente Dárola- subrayan sus notables conocimientos en materia jurídica, filosófica, económica y militar. Las observaciones en su diario cuando recorrió distintos lugares en la naciente Estados Unidos (con particular atención en Filadelfia y Boston) atestiguan la profundidad de sus estudios.
Arturo Úslar Pietri dijo en el Senado venezolano el 4 de julio de 1966 que Miranda fue “La más extraordinaria personalidad que había florecido en el vasto, desconocido y rico lino del nuevo mundo. Era la flor y la asombrosa síntesis de tres siglos de historia y de magia creadora [...] Su apresurado peregrinaje por el mundo fue menos intenso, variado y sin tregua que su maravilloso viaje de deslumbramiento a través de los libros, las literaturas y las ciencias de los viejos y los nuevos tiempos. No hubo hombre de su siglo que hubiera reunido conocimientos más extensos y variados ni biblioteca comparable a la que llegó a reunir”.
Puede resumirse el aspecto medular de su visión en una carta dirigida a Thomas Paine en 1797: “La conservación de los derechos naturales, y, sobre todo, de la libertad de las personas, seguido de sus bienes, es incuestionablemente la piedra fundamental de toda sociedad humana, bajo cualquier forma política en que ésta sea organizada”.
En Venezuela, su tierra natal, fundó la Sociedad Patriótica con la idea de discutir y fortalecer los principios de libertad, al tiempo que pretendía establecer una única nación latinoamericana que apuntara a incluir con el tiempo la antigua colonia portuguesa en el sur de América.
Sus éxitos de orador y su desempeño brillante en la Logia Lautaro -tanto en Cádiz como en tierra americana- despertaron los celos de Bolívar quien lo entregó a las fuerzas españolas a raíz de un armisticio firmado por Miranda para evitar una derrota segura, un burdo pretexto para deshacerse del hombre más destacado del momento que había sido el precursor de algunas de las propuestas bolivarianas. Dichas fuerzas españolas lo condujeron a la península, paradójicamente a una cárcel cercana a su tan apreciada Cádiz, donde, a poco andar, desdichadamente murió este gran hombre de todos los tiempos y latitudes.
Como he escrito reiteradamente en muy diversos medios, lamentablemente América latina no cuenta ya con el buen ejemplo del gobierno estadounidense cuyos documentos liminares fueron una valiosa guía para las Constituciones de muchos de los países del sur del continente. Hoy el déficit fiscal, la monetización de la ya astronómica deuda, el crecimiento exponencial de la relación gasto público-producto bruto interno, la insistencia en el rescate de irresponsables o ineptos (o las dos cosas a la vez) con el fruto del trabajo ajeno (aconsejo la lectura del ensayo de Jefffrey Miron de Harvard titulado “Bailout or Bankruptcy?”) y la manipulación de la tasa de interés por la banca central conducirán tarde o temprano a otra crisis mayúscula.
Tal como apunta Michael Tanner en su libro Leviathan from theRight, desde hace seis años se imprimen 75.000 páginas anuales de asfixiantes regulaciones (y, durante el mismo período y hasta la fecha vienen trabajando 39.000 burócratas del gobierno federal tiempo completo solo en regulaciones financieras, como muestra Johan Norberg en su artículo “Regulations and its Unintended Consequences” reproducido por Cato Institute en Washington DC). El proceso inflacionario en marcha, por el momento genera un boom artificial que indefectiblemente conducirá (posiblemente en un par de años) a un crack que intensificará y extenderá lo que hoy ocurre con el desempleo masivo, a lo que debe agregarse el nuevo intento de acentuar el ya quebrado sistema estatista de medicina (que en momentos de escribir estas líneas fue aprobado en la Cámara de Representantes por solo dos votos más de los requeridos y cinco más respecto de la minoría ya que treinta y nueve miembros del partido oficial se pronunciaron en contra del proyecto de ley junto con toda la bancada del partido republicano excepto uno…y ahora pasa al Senado con suerte por demás incierta para la legislación de marras).
Incluso la suba que experimenta la bolsa ocurre en términos del ya devaluado dólar pero si se lo mide en términos del euro es sustancialmente menor y si se lo hace en términos del oro el incremento es inexistente (y eso que este bien hoy está a su vez algo atrasado si se extrapola a valores reales en una serie estadística de los últimos veinte años). De cualquier manera, tal como se ha consignado, el precio del metal aurífero hace las del canario en las minas de carbón: cuando hay gases tóxicos se dispara en señal de alarma. El proceso de descomposición que lamentablemente viene ocurriendo en Estados Unidos está ahora refrendado por expresas declaraciones de Obama en el sentido de que debe revertirse la noción inserta en la Constitución de las tradicionales libertades negativas de protección a los derechos e introducir en la práctica la idea de la activa intervención gubernamental para redistribuir ingresos (dos declaraciones reproducidas en Fox News el 23 de octubre de 2009 y en “American Thinker” el 25 de octubre de este mismo año).
Como si esto fuera poco, hay nueve funcionarios de primer nivel designados por Obama sin la auditoria del Congreso que son extremistas radicalizados de izquierda, como el responsable máximo del FCC (Comisión Federal de Comunicaciones), Mark Lloyd, quien declaró en un tape de pública difusión que es un admirador de Hugo Chávez en su política expropiatoria en materia de telecomunicaciones. En esta situación, cabe preguntarse que queda para países como Argentina donde se ha destruido la división horizontal de poderes, donde las normas permanentemente cambiantes dependen del capricho del gobernante, donde ex terroristas están en funciones estatales y aplican una justicia tuerta solo para quienes los combatieron, donde los sindicatos de raíz totalitaria y activistas armados dominan el escenario político, donde las llamadas empresas privadas se ven privadas de toda independencia, donde la prensa independiente se desempeña bajo amenazas y donde las finanzas públicas están desquiciadas por megalómanos siempre sedientos por succionar el fruto del trabajo ajeno.
Robert J. Aumann -premio Nobel en Economía de 2005- acaba de pronunciar una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo en Buenos Aires en la que subrayó el peligro que significan los rescates financieros en Estados Unidos y en otras partes del mundo, y aseveró que “finalmente alguien va a tener que pagar por eso y una de las opciones será imprimiendo más moneda”. En solo nueve meses de gestión Obama pasó de tener un déficit de cinco puntos sobre el producto a trece. Sería cómico si no fuera trágico el que muchos livianamente sostengan que frente a una crisis la opción no puede ser que el gobierno se abstenga de “hacer algo” como si frente a un problema el aparato estatal debe meterle la mano en el bolsillo a quienes ganaron su peculio honestamente. En todo caso, si de hacer algo se trata, debería eliminarse el sistema bancario de reserva parcial manipulado por la banca central que pone en jaque a todo el sistema financiero, contar con marcos institucionales que respeten el derecho de todos y, por ende, abrogar todas las regulaciones absurdas y asfixiantes dirigidas a las actividades productivas, disposiciones gubernamentales que precisamente generaron esta crisis, del mismo modo que lo hicieron en la década del treinta tal como lo han señalado otros premios Nobel en Economía como Milton Friedman, Friedrich Hayek y James M. Buchanan.
Poco a poco se va estrechando el cerco del espíritu totalitario. Debemos despertar a los apáticos y redoblar nuestros esfuerzos para contribuir a los pilares de la sociedad abierta, de lo contrario inexorablemente ocurrirá lo que en otro contexto describe Julio Cortázar en “Casa tomada”. Cada vez está más extendida la enfermiza noción de que hay un “derecho” a los recursos producidos por el vecino, con lo que se desmorona la idea del respeto recíproco y se vulneran y desconocen los principios éticos, económicos y jurídicos más elementales de convivencia civilizada.
Confiemos en las enormes reservas morales existentes en Estados Unidos y en otros muchos lugares, pero tenemos que estar con los ojos bien abiertos pero con la debida atención en lo que ocurre porque como reza el título de la colección de trabajos de Macedonio Fernández “no todo es vigilia la de los ojos abiertos”. Todos tenemos que alimentar la filosofía liberal que pregonó Miranda con tanto empeño para América latina, estemos atentos y vigilantes para que el autoritarismo no la convierta en “América letrina” al decir de Guillermo Cabrera Infante.
Alberto Benegas Lynch (h)
En Latinoamérica han gobernado -y gobiernan- ciertos energúmenos de tremenda peligrosidad. Carlos Fuentes en el prólogo a Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos se refiere a varios del pasado. Elijo algunos de los tomados en ese introito: Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México, quien al perder una pierna en una de sus trifulcas la hizo enterrar con toda pompa en la Catedral. Enrique Peñaranda, gobernante de Bolivia de quien su madre dijo que de haber sabido que llegaría a presidente “le hubiera enseñado a leer y a escribir” y Manuel Estrada Cabrera, de Guatemala, se instaló en Paris y solo volvía a sus pagos para sofocar las revueltas contra su gobierno. Hoy los múltiples y variopintos autócratas de esta zona son mucho menos inocentes que los anteriores, quienes en una función macabra se burlan una y otra vez de la democracia al estrangular los derechos de las minorías, al tiempo que quedan atornillados al poder. Lo he citado antes a Robin Williams quien ha sentenciado en una producción cinematográfica que “los políticos en funciones son como los pañales: hay que cambiarlos permanentemente y por los mismo motivos”.

El significado del contrabando

Por Alberto Benegas Lynch (h)
Diario de América
En esa columna no me refiero a los impuestos (la política fiscal es materia de otro debate) sino a las tarifas o aranceles aduaneros que bloquean y dificultan la entrada al país de productos más baratos y de mejor calidad del extranjero lo cual a todas luces beneficia a los locales ya que libera recursos humanos y materiales para aprovecharlos en la producción de otros bienes y servicios. Es en este sentido que el contrabando (originalmente contra un bando militar) resulta en definitiva beneficioso. Mariano Moreno, el pensador decimonónico argentino, decía que “el contrabando subroga al comercio libre”. Sin duda que no existiría contrabando si no se interpusieran trabas a la entrada de productos reclamados por quienes viven en el país receptor. Solo tiene lugar cuando los comisarios imponen restricciones.
En realidad resulta un espectáculo bochornoso el de los “vistas de aduana” quienes apuntan a una de dos cosas: trasmiten la ridícula filosofía de que el ingreso de bienes más baratos y de mejor calidad perjudicaría a los locales o, de lo contrario, piden cohecho para dejar entrar la mercancía en cuestión. En el primer caso es como si estuvieran diciendo en nombre de los mandones de turno que no se vaya a traer una máquina fotográfica con buena resolución de imagen y barata puesto que eso haría daño ya que lo conveniente es verse obligado a adquirir máquinas que produzcan fotografías turbias y caras. Es tragicómico cuando esta nueva Gestapo inquiere si lo que se trae “son productos personales” como si pudieran ser extra-personales o robados.
Personalmente la desgracia más grande de viajar son las aduanas. Me afectan psicológica y moralmente. Aunque le revisen la valija a una persona delante mío me afecta porque se trata de una vejación y una insolente intromisión en la intimidad de las personas (y si, después del vejamen de marras la persona le dice al vista de aduana “gracias”, el impacto me desmorona). Y no se diga que es para evitar el ingreso de armas pues esa constatación se lleva a cabo con rayos láser al abordar el medio de trasporte por razones de seguridad y tampoco para detectar drogas que entran a granel por otros conductos generalmente con apoyo gubernamental (independientemente de que la prohibición de drogas produce los mismo efectos que la Ley Seca: estímulo a la producción y al consumo, invasión a las libertades individuales y corrupción en todos los niveles posibles).
Claro que para entender los efectos del contrabando es menester que se entiendan las ventajas del librecambio. La eliminación de aranceles o tarifas aduaneras genera el mismo efecto que un aumento en la productividad: la inversión por unidad de producto disminuye con lo que los productos disponibles se ofrecen en mayor cantidad. Dado que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, los factores productivos empleados en fabricar bienes más caros y de peor calidad se liberan para poder encarar otros bienes y servicios con lo que la lista disponible se amplia, lo cual quiere decir que se eleva el nivel de vida.
Es lo mismo que ocurre con una familia. Si en nombre de la protección a sus miembros se declara la autarquía, todos sus integrantes verán reducido su nivel de vida obligados a fabricarse sus propios lápices, zapatos etc. La cooperación social es inseparable del librecambio. Si se sostiene que la reducción aduanera debe ser gradual para permitir el ajuste de los productores locales, es porque no se entendió que los productores son para servir a la gente y no al revés. Si un productor pide protección (desprotección para la gente) durante un período para después liberar el comercio, no se ha percibido que es ese productor que tiene que absorber los costos y no trasladarlos compulsivamente sobre las espaldas de sus congéneres: es el quien al evaluar su proyecto obtendrá las ganancias que anuncia después de un tiempo (prácticamente ningún proyecto de inversión se cubre en el primer período). Si no procede en consecuencia es porque el proyecto es una patraña diseñado para vivir a expensas de los demás. No hay derecho contra el derecho: no pude argumentarse con solvencia que se ven afectados los intereses de quienes se ajustaron a las disposiciones anteriores, salvando las distancias del horror, los productores de cámaras de gas en la época de los criminales nazis no pudieron alegar pérdidas por cambios drásticos en el régimen.
Y no se diga que habrá desempleo de trabajo puesto que no existe ese fenómeno si los acuerdos salariales son libres y voluntarios. Solo hay desempleo cuando los salarios son fijados compulsivamente más allá de lo que las tasas de capitalización permiten y, dichas tasas se maximizarán en la medida en que se aproveche capital y, precisamente, una manera de consumirlo es a través de la tarifa y el arancel aduanero.
Por otra parte, las llamadas integraciones regionales constituyen burdos pretextos para ocultar la incomprensión del librecambio, es decir, las ventajas de integrarse al mundo unilateralmente vía la eliminación de trabas aduaneras. Se suele mantener que la integración es un primer paso en la buena dirección, lo cual confirma que no puede darse el paso definitivo porque no se ha comprendido el tema y, por otra parte, no siempre es siquiera un primer paso en la buena dirección ya que a veces significa un retroceso para ciertos productos alegando razones de simetría en las transacciones (cuando precisamente la asimetría es el motivo por el cual se comercia).
En definitiva son los nacionalismos xenófobos y las culturas alambradas las responsables de las barreras aduaneras directas e indirectas. La tesis de “la industria incipiente” mencionada más arriba y los fenomenales aparatos de lobby de empresarios prebendarios hacen de operación tenaza para tejer un cerco en torno al país donde operan que, como queda dicho, empobrece a la gente, muy especialmente a los más débiles. Habitualmente el latiguillo del “dumping” convence al incauto de la implantación de restricciones al comercio libre, sin percatarse que esa figura significa venta bajo el costo, lo cual incentiva a que terceros compren el producto a bajo precio y hagan un arbitraje vendiendo al precio de mercado (y si esto no fuera posible el que vende a precio de liquidación coloca primeramente su stock y los competidores continúan vendiendo al precio de mercado). Lo cierto es que quienes alegan esta política de precios ni siquiera se toman el trabajo de consultar lo libros de contabilidad de quienes se acusa de dumping por miedo a que sencillamente se trate de mayor eficiencia.
Por último, se alega que los gobiernos, como medida precautoria, deben adoptar medidas llamadas “proteccionistas” en respuesta a las barreras impuestas por otros países. Es decir, si los locales ven restringida su facturación porque cierto país no permite la entrada de sus productos “en reciprocidad” se perjudica a los locales al restringir la entrada de bienes que provienen del mencionado país. Esto es, se habrá perjudicado dos veces: una por no poder vender y otra por no poder comprar, en lugar de concretar las ventas donde haya compradores y adquirir bienes a quienes estén dispuestos a vender. Sin duda que si nadie le compra a cierto país este se verá obligado a la completa autarquía sin necesidad de controles aduaneros ya que el que no vende no puede comprar.
De todos modos, exportaciones e importaciones son dos brazos de la misma operación: si se bloquean las importaciones habrá menor demanda de divisas y, por ende, ésta bajará su cotización con lo que las exportaciones se también mermarán debido a que sus precios en términos de la divisa en cuestión se redujeron.
En todo caso, por las razones antedichas y en defensa propia contra los ataques de las burocracias, los contrabandistas resultan ser benefactores de los consumidores y contribuyen al bienestar del país en el que operan, aunque la medida de fondo sin duda consiste en permitir el comercio entre personas y empresas radicadas en diversos lugares del planeta. Sin embargo los gobiernos, teóricamente establecidos para proteger derechos los cercenan...al interceptar y perturbar el comercio son bomberos que incendian igual que en Fahrenheit 451, la ficción de Ray Bradbury.

martes, 18 de agosto de 2009

La provocación de conflictos

Por Alberto Benegas Lynch (h)
Diario de América
Ahora que en América latina está tan de moda el llamado “Socialismo de siglo XXI” es oportuno reflexionar sobre su aspecto medular cual es la tendencia creciente a colectivizar la propiedad. Marx y Engels han escrito en su célebre manifiesto de 1848 que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” y, por el contrario, Ludwig von Mises, uno de los más preclaros exponentes del liberalismo clásico ha puntualizado en 1927 que “el programa del liberalismo, por tanto, está condensado en una sola palabra: propiedad, esto es, la propiedad privada de los medios de producción [...] Todas las otras demandas del liberalismo resultan de esta demanda fundamental”.
George Langdon relata como los primeros colonos en tierras que luego se denominarían Estados Unidos de América establecieron un sistema comunista en 1620 ni bien los 120 pasajeros se bajaron del Mayflower para constituir la Colonia Plymouth en Massachussets. En base a las documentaciones proporcionadas por William Bradford se consigna que tres años más tarde los colonos modificaron radicalmente el sistema y abandonaron la propiedad en común debido a las reiteradas hambrunas y las interminables disputas respecto de quien se aprovechaba de quien y a cuales personas les tocaría que proporción de lo producido. Por ellos es que en el popularizado día de acción de gracias, la línea más común en las plegarias es la referencia a la libertad que permite disfrutar de lo que se tiene.
Lo mismo ocurrió en cuanto a la transición de un sistema a otro en algunas de las tribus primitivas, tal como lo describe Harold Demsetz en su ya clásico ensayo “Toward a Theory of Property Rights” de 1967 en el que muestra como una comunidad de indígenas canadiense resolvió adoptar el sistema de propiedad privada al efecto de evitar los antedichos aprovechamientos, derroches y asignación deficiente de los recursos disponibles. Al año siguiente un profesor de ecología, Garret Hardin, bautizó el fenómeno de la propiedad comunal y todos sus descalabros como “la tragedia de los comunes”.
Cuatrocientos años antes de Cristo, Aristóteles se había referido al tema pero, contemporáneamente y en términos técnicos modernos, Tom Bethel descubrió que esto se había llevado a cabo en una conferencia en la Universidad de Oxford, en 1832, pronunciada por William Forster Lloyd. Pero más interesante aún es que en el trabajo de Bethel se pone de manifiesto como, por ejemplo, en la Unión Soviética, cuando se decidió obligar a distintas personas y familias a compartir viviendas, la expresión “vecino” se convirtió en una pesadilla insoportable puesto que las trifulcas eran permanentes por el uso común de los adminículos más insignificantes y la consiguiente ruina de las instalaciones. Esto debe contrarrestarse con la amabilidad de vecinos que poseen sus viviendas, las que mantienen en el mejor estado posible incluyendo jardines con cuidadas flores y árboles bien mantenidos.
La propiedad privada hace posible la aparición de precios de mercado, los cuales, a su vez, permiten la contabilidad y la evaluación de proyectos sin lo cual no resulta concebible conocer si se está consumiendo capital o incrementándolo. Los cuadros de resultado van indicando cuando se acierta en las preferencias de los demás y cuando se yerra en el camino. De este modo los siempre escasos factores de producción se van asignando a las manos más eficientes.
Los precios trasmiten información dispersa y fraccionada al efecto de coordinar la producción. Tal como ha explicado Leonard Read, la producción de un simple lápiz requiere de millones de arreglos contractuales y conocimientos que solo se encuentran en las personas en el sitio y que incluso, a veces, no es posible articular. Imaginemos, nos dice Read, en la producción del lápiz, las innumerables tareas de forestación y reforestación con programas productivos que demandan veinte o treinta años, las múltiples operaciones bancarias, las sierras y demás maquinaria, la construcción de galpones, hornos y piletas, la producción e importación de caucho para la goma del lápiz, las minas de carbón etc etc. El operario del aserradero, el gerente del banco o el trabajador en la producción de caucho no piensan en el producto final. Cada uno está concentrado en su labor específica y sin embargo el producto final está en las góndolas a disposición del consumidor.
Por el contrario, cuando la arrogancia del planificador entera en escena, los precios se alteran y la descoordinación es el resultado inevitable. Dejando de lado los aspectos fundamentales del tratamiento infrahumano, de las torturas y matanzas, la caída del Muro de Berlín se debió a que el ataque a la propiedad privada no permitía la subsistencia: donde no hay propiedad no hay precios y, por ende, es imposible el cálculo económico. Y no es necesaria la completa abolición de la propiedad privada para que aparezca el problema, en la medida en que se afecte esa institución, en esa medida surgen los desajustes. Es entonces bueno que los patrocinadores del socialismo cavernario se anoticien de la historia y de la economía para proceder en consecuencia, puesto que al emprenderla contra la propiedad sientan las bases para un estado de conflicto permanente.
Cierro esta nota con una manifestación que ilustra magníficamente el espíritu del argumento que hemos presentado en estas líneas, formulada en su oportunidad por Joseph Sommers, Presidente de la Universidad de Harvard, en el sentido de que “nadie ha lavado un automóvil alquilado”.

martes, 11 de agosto de 2009

El hombre despojado

Por Alberto Benegas Lynch (h)
No son pocas las personas que se quejan “del mundo moderno”. Sostienen que se sienten vacías y despojadas interiormente sin percibir que no se trata de endosar responsabilidades al mundo de hoy ni el de ayer sino de conductas que inexorablemente se encaminan a ese resultado debido a que, en lugar de actualizar sus potencialidades en busca del bien (lo cual naturalmente hace bien), se entregan a repetir lo que hacen y dicen otros con lo que pierden su sentido de identidad. En este contexto Tocqueville afirma que la gente “le tema más al aislamiento que al error”.


Erich Fromm escribe que no son pocos los que atribuyen los males del mundo a que la gente se dedica demasiado a si misma, sin percatarse de que el problema es exactamente al revés: no cultivan ni cuidan sus propias almas. El ser humano se diferencia del resto de las especies conocidas en que tiene la capacidad del libre albedrío y que, dadas las circunstancias que le toca vivir, construye su vida. En la medida en que incorpora conocimientos, agranda y enriquece su persona y le permite disminuir su colosal ignorancia.

La libertad es una condición necesaria aunque no suficiente para la realización individual. Se requiere el respeto irrestricto a su autonomía para que pueda elegir su ruta en la vida y asumir la consecuente responsabilidad por su elección, pero también requiere autorrespeto puesto que si la persona se degrada no saca partida de la libertad. Como bien apunta Viktor Frankl, necesita de actividades centrípetas, de proyectos constructivos que alimenten su desierto privado, alejándose de los residuos atávicos y de lo puramente centrífugo y frívolo que lo conduce a lo que Unamuno describe como el “mamífero vertical”.

Gertrude Himmelfarb mantiene que en lugar de aludir a la incorporación de valores debería más bien hacerse referencia a la incorporación de virtudes ya que lo primero puede dirigirse en muy diversas direcciones mientras que lo segundo solo se encamina al bien.

Con frecuencia se pone énfasis en la importancia de divertirse lo cual no se toma como un recreo de las tareas diarias sino como la faena medular, sin percatarse que la misma expresión indica separación o apartamiento de lo central. Y este divertimento constante (que finalmente produce hastío) es también consecuencia de no meditar sobre las conveniencias propiamente humanas. Como ha consignado Antonio Machado “de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

No es infrecuente que se consideren “grandes hombres” a quienes detentan poder político pero, en verdad, como también puntualiza Fromm, se trata de seres pequeños que necesitan del acatamiento de otros para poder subsistir. Se estima que antes de la Primera Guerra Mundial la participación del gasto estatal en el producto bruto interno era entre el tres y el ocho por ciento en países civilizados, hoy varía entre el treinta y cinco y el sesenta por ciento, lo cual no toma en cuenta el costo que debe absorber el ciudadano para hacer trámites y llenar formularios para el príncipe. Practicamente todos los recovecos de la vida privada están invadidos por el gobierno y, por ende, el individuo se encuentra despojado de su independencia, desprotegido en su autonomía y maltratado por quienes estás supuestos de velar por sus derechos.

Sus hijos están obligados a “educarse” en sistemas controlados por el aparato estatal, la inseguridad en las calles y en sus domicilios hacen necesario contratar servicios paralelos duplicando costos, la injusticia de la justicia oficial requiere que además busque sistemas de arbitrajes alternativos, las demoras y enjambres en las avenidas estatales consumen buena parte de su tiempo, los desastrosos sistemas de salud estatal deterioran su calidad de vida y las jubilaciones expropiadas por el monopolio de la fuerza lo dejan sin aliento, cuando no lo espían y lo acechan en sus cuentas bancarios y conversaciones telefónicas.

El Leviatán ha llegado a límites inconcebibles de insolencia y atropello a los derechos de las personas. Es de esperar que el hombre despojado retome su dignidad y se rebele contra tanta iniquidad y sea capaz de desarrollar sus potencialidades únicas e irrepetibles.

La vida se vive una vez y el segundero pasa rápido. No es posible que el hombre despojado se resigne a ser abusado, engullido y descuartizado por las fauces del poder ni se adapte al clima hediondo de la colectivización y se anestesie interiormente en lugar de dar rienda suelta a su energía creadora. Es importante que cada medida invasora se discuta y se detenga el comienzo de cualquier signo de avalancha y proceder en consecuencia en cada frontera como si fuera la decisiva, de lo contrario, si se deja pasar la irreverencia del aparato estatal y se restringen las potencialidades de cada uno, será tarde para reaccionar porque los tentáculos del anti-individulismo son inmisericordes y deletéreos.

sábado, 30 de mayo de 2009

Alvaro Vargas Llosa

Por Alberto Benegas Lynch (h)
AIPE
Me acaban de informar desde Caracas que lo han retenido en el aeropuerto de Maiquetía a Álvaro Vargas Llosa y le habían arrancado el pasaporte con lo que no le resultaba posible ingresar a Venezuela ni salir de ese país. Lo retuvieron durante dos horas y al liberarlo “le ordenaron” que no podía hacer declaraciones políticas de ninguna naturaleza. Es irrelevante cuanto tiempo haya durado esta patraña elucubrada por el bufón del Orinoco, el tema central es que se tolere que un mequetrefe al frente del gobierno pueda tratar al país como si fuera su estancia personal y oponerse a que ingrese alguien que no solo no ha cometido crimen alguno sino que se trata de un preclaro defensor de la libertad.

La soldadesca no conoce a la persona que iba invitada por el muy meritorio CEDICE para pronunciar conferencias. No cambiará su rumbo ni se dejará amedrentar por los lacayos del mandamás de marras. Pero en todo caso, lo ocurrido hasta ahora pone de manifiesto una felonía más del coronel Chávez incapaz de comprender que sus atropellos deben tener un límite. Las votaciones africanas que le dan aire a sus bravuconadas no le otorgan legitimidad igual que no se la otorgó en su momento a Hitler y a su banda de sicarios. No resulta posible tolerar que en nombre de una mayoría se aniquilen los derechos más elementales de las personas. Solamente un cretino acepta que si se gana una votación en la que se decide pasar a degüello a los pelirrojos estos pongan mansamente sus pescuezos para que se los despedace. Si se procediera de ese modo no sería en nombre de la democracia sino en nombre de una irresponsabilidad mayúscula.

Por esto es que desde Sidney y Locke en toda la tradición civilizada se ha establecido el derecho a la resistencia. Eso fue lo que precisamente hizo Bolívar con el autoritarismo español. Eso es lo que se hizo en Estados Unidos para liberarse de los atropellos de Jorge III y su séquito. Si se considera la prepotencia española en sus colonias de América de Sur y la inglesa en el Norte, se verá que resulta muy menor si se la compara con lo que viene haciendo con las vidas y las haciendas ajenas el antisemita del Orinoco con el respaldo de Cuba, Irán, Corea del Norte y toda la bazofia disponible en el orbe.

Lo que se ha hecho con Álvaro Vargas Llosa es gravísimo, como que son de gravedad creciente todos los manotazos de este coronel farandulesco desde que asumió el poder absoluto en Venezuela. Es imperioso que se vuelva a establecer la República y la democracia en ese país para bien de los venezolanos y para bien del mundo libre. La farsa macabra que se vive en esa nación conduce a que se exterminen los vestigios de derecho que aún quedan en pie. Es de esperar que se reaccione a tiempo antes de que los energúmenos en el poder barran con el valiente periodismo y demás reservas morales que aún queda en Venezuela y se transforme en otro Gulag más.

Keynes y su herencia

Por: Alberto Benegas Lynch
Hay quienes para eludir el mote de socialista piensan que es una buena escapatoria el autodenominarse keynesiano al efecto de poder así patrocinar con más comodidad el déficit fiscal, la manipulación estatal del dinero, el crédito y la tasa de interés, el incremento del gasto y el endeudamiento públicos, la intromisión gubernamental en los salarios y la sobreregulación de los negocios privados. Otros, en cambio, presa de una candidez a prueba de balas, son usados y entran por la variante del keynesianismo pensando que reencauzan el sistema en lugar de destruirlo como lo hacen.

He consignado antes que el propio John Maynard Keynes es quien se encarga de despejar con claridad meridiana su filiación al escribir el prólogo a la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse muco más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. Sin duda que es así. En todos lados donde se aplicaron sus recetas el resultado operó en dirección al espíritu de la planificación totalitaria. A confesión de parte, relevo de prueba.
Dadas los renovados entusiasmos por este autor, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra de Keynes, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital.” Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “la solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero, más bien que forzando a la baja de la unidad de salario”, lo cual, en la práctica es lo que se ha adoptado en grado creciente en muy diversos lares. Es decir, como consecuencia de las medidas keynesianas de aumento del gasto público y la expansión monetaria para financiar el déficit, la consecuencia necesaria es el consumo de capital y, al ocurrir ello, los salarios e ingresos en términos reales se contraen aunque nominalmente se eleven.
Hay recetas de Keynes, también tomadas de la obra mencionada, que son realmente pueriles, por ejemplo, lo que denomina “el multiplicador” elucubrado para mostrar las ventajas que tendría el gasto estatal, esquema que funcionaría de la siguiente manera: sostiene que si el ingreso fuera 100, el consumo 80 y el ahorro 20, el efecto multiplicador resulta de dividir 100 por 20, lo cual da 5 y (aquí viene la magia) si el Estado gasta 4 se convertirá en 20 puesto que 5 por 4 arroja aquella cifra (?). Ni Keynes ni el keynesiano más entusiasta jamás han explicado como multiplica el multiplicador. Y todo ello en el contexto de lo que también escribe este autor: “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”(!).
Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. La crisis se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (de jure lo abandonó Estados Unidos en 1971; Keynes se refería peyorativamente al metal aurífero como “esa vetusta reliquia”). Eso ocurrió, primero con la irrupción de los tristemente célebres bancos centrales una vez dejado de lado el oro y, luego. en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años veinte que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares, moneda reserva que ya no debía responder ante ningún reclamo, salvo el pedido de la banca central extranjera para canjear sus billetes con el acuerdo tácito de no proceder en consecuencia.
De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los veinte con el consiguiente crack del veintinueve, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense.
Tal como lo explican Milton Friedman y Anna Schwartz, Benajamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra.
No hay alquimias en economía. De lo que se trata en una sociedad abierta es de contar con marcos institucionales civilizados que respeten los derechos de propiedad al efecto de permitir las mayores tasas de capitalización para que los salarios e ingresos resulten lo más altos que las circunstancias permitan. Si los aparatos estatales se entrometen en las vidas y las haciendas ajenas, el resultado necesariamente será el desviar los siempre escasos factores productivos hacia áreas y sectores distintos de los prioritariamente preferidos por la gente, al tiempo que se cercenan las consiguientes libertades individuales siempre en pos de una camarilla de burócratas.